
Mil días después del inicio de la ofensiva israelí contra la Franja de Gaza, el territorio palestino exhibe el rostro más dramático de la guerra: una generación de niños marcada por la muerte, las heridas, el hambre y el desplazamiento.
Las cifras recopiladas por organismos palestinos e internacionales dibujan un panorama devastador. Desde el 8 de octubre de 2023 hasta julio de 2026, más de 21 mil 500 niños murieron como consecuencia de los ataques israelíes, según la Oficina de Medios del Gobierno de Gaza.
Entre las víctimas figuran más de 520 bebés nacidos durante el conflicto que no sobrevivieron a la guerra y otros mil 22 menores de un año.
Mientras la destrucción alcanza hospitales, escuelas y barrios enteros, organizaciones humanitarias advierten que los menores continúan siendo las principales víctimas de un conflicto que no ha dado tregua a la población civil.
La Oficina Central de Estadística de Palestina estimó que los niños representaban cerca del 30 por ciento de los fallecidos y el 26 por ciento de los heridos hasta finales de 2025.
Además de las pérdidas humanas, más de 10 mil 500 menores sufrieron lesiones permanentes que alteraron sus vidas y más de un millar fueron sometidos a amputaciones.
La crisis sanitaria también amenaza a miles de pequeños pacientes. Cerca de cuatro mil niños necesitan ser evacuados urgentemente fuera de Gaza para recibir tratamiento especializado, debido al colapso del sistema de salud y a la escasez de medicamentos e insumos médicos.
El alto el fuego anunciado en octubre de 2025 no significó el fin del sufrimiento infantil.
UNICEF denunció el pasado 19 de junio que la tregua se convirtió para los niños gazatíes en una «cruel y mortal ilusión», debido a la continuidad de las muertes, las lesiones y las severas restricciones a la entrada de alimentos, medicamentos y ayuda humanitaria.
La organización informó que, desde la entrada en vigor del acuerdo, al menos 265 niños perdieron la vida y más de 400 resultaron heridos.
Muchos fallecieron en sus viviendas, tiendas de campaña, escuelas o mientras jugaban, un escenario que llevó al organismo de Naciones Unidas a advertir sobre el peligro de normalizar la muerte de menores incluso durante un período de cese de hostilidades.
A la violencia se suma una crisis alimentaria que golpea con especial dureza a la infancia.
Datos de la Oficina Central de Estadística Palestina, basados en informes de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA), indican que al menos 157 niños murieron por hambre y desnutrición desde el inicio del conflicto, mientras otros 25 fallecieron por el frío en campamentos de desplazados.
Solo en febrero de 2026, más de tres mil 700 niños de entre seis y 59 meses ingresaron en programas de tratamiento contra la desnutrición, incluidos más de 600 casos de desnutrición aguda grave.
Aunque la cifra fue inferior a la registrada el mes anterior, los organismos internacionales alertan de que la emergencia alimentaria persiste.
Las estadísticas muestran que el 64 por ciento de los menores consume únicamente dos o menos grupos de alimentos al día, más del 90 por ciento carece de una dieta mínimamente diversa y más del 60 por ciento padece inseguridad alimentaria aguda, con consecuencias que comprometen su crecimiento físico y desarrollo cognitivo.
La guerra también dejó una profunda huella en la estructura familiar de Gaza.
Según UNICEF, más de 58 mil niños perdieron a uno o ambos padres durante el conflicto.
Muchos viven desplazados, expuestos a la pobreza extrema, el hambre y la ausencia de servicios básicos, mientras otros han debido asumir responsabilidades propias de los adultos en un entorno donde la educación, la atención médica y la protección infantil prácticamente desaparecieron.
Las consecuencias de mil días de guerra trascienden las cifras de víctimas. Desde octubre de 2023, más de 73 mil palestinos murieron y más de 173 mil resultaron heridos, de acuerdo con datos palestinos. A ello se suma la destrucción de alrededor del 90 por ciento de la infraestructura civil de Gaza, incluidos hospitales, escuelas, viviendas, redes de agua y electricidad.
En ese escenario, agencias de Naciones Unidas y organizaciones humanitarias continúan alertando de que la infancia gazatí afronta una crisis sin precedentes, marcada no solo por la violencia, sino también por el hambre, las enfermedades, el desplazamiento y la pérdida de toda una generación de oportunidades.
(Tomado de Prensa Latina.)


