Desde este septiembre la escuela Gabriela Mistral, en Pinar del Río, tiene un nuevo propósito: permitir mejores atenciones a educandos con Trastorno del Espectro Autista (TEA).
Una treintena de alumnos inició allí el curso escolar 2026-2027, con el acompañamiento de maestros y diversos especialistas.

La jefa de Educación Especial en Vueltabajo, Yaremis García Felipe, asegura que las condiciones creadas en la institución configuran un entorno más favorable para la formación y adaptación de los infantes con TEA.
“Tiene mejores condiciones que las de la escuela especial Hermanos Saíz, donde estábamos antes. Ganamos en espacio y en número de locales, lo que nos permite contar incluso con un aula de atención temprana”, explica.
En ella, psicopedagogo, logopeda y maestra de apoyo trabajarán de forma conjunta con los pequeños de la primera infancia que lo requieran, una dinámica que la infraestructura del antiguo centro impedía.
García Felipe añadió que el aula de atención temprana puede incluso beneficiar a niños de municipios cercanos a la capital provincial, como San Juan y Martínez, Consolación del Sur y San Luis.





Más salones y una mejor iluminación destacan entre las ventajas del nuevo plantel, refiere por su parte la Máster en Ciencias María Julia Tabares Hernández, una de las especialistas del centro.
“El acondicionamiento del plantel, que facilita la atención de niños con TEA, permite también contar con nuevos espacios donde potenciar habilidades básicas que los preparan para la vida adulta independiente”, señaló.


En tanto, Lis Michel Montano Rivera, director de la escuela, destaca las medidas de seguridad del centro para prevenir que los niños salgan a la calle sin supervisión.
Asimismo, señala que “se diseñó la pileta atendiendo a la necesidad de cada alumno, el banco de arena, y se montaron bajo techo las áreas terapéutica y de juego”.
“La institución contará próximamente con un sistema de paneles solares para garantizar la energía, lo que eleva su confort”, subraya.
El salto de fe de los padres


Inicialmente, el cambio de inmueble significó motivo de preocupación para los padres, quienes ya miran el centro con otros ojos y depositan su confianza en el equipo de especialistas.
Dianelis Gómez Hernández, mamá de Ailyn Pérez Gómez, de 5 años, antes escéptica, reflexiona mientras acaricia el cabello de su hija que el proceso de adaptación solo depende de los pequeños, y que son ellos quienes van a decidir el camino.
“Siempre tuvimos mucha reserva con este traslado, porque ellos son bastante resistentes al cambio. Pero esperamos que puedan adaptarse pronto. Realmente, para muchos esta es la única opción, porque en escuelas regulares es muy difícil incorporarlos por falta de personal”, remarcó.
Reconoce que algunos detalles del mantenimiento constructivo al que fue sometido la escuela pueden corregirse y que ya plantearon sus inquietudes. “Pero de verdad que quedó bastante bien, estamos muy complacidos”, asevera.
Para Dianelis Miranda, mamá de la pequeña Evelyn González, estudiante de segundo grado, la mayor preocupación era que la escuela no estuviera lista para comenzar el curso.
“Lo único que no me gusta es que hay todavía un poco de polvo y olor a pintura. Mi niña es alérgica y asmática. Por lo demás, la veo con mejores condiciones. Este lugar estaba bien diseñado para acoger a niños con autismo, solo había que acondicionarlo”, opina.
“Quizás esta reparación de último momento se hubiera podido hacer en julio, para dar más tiempo a terminar los trabajos. Pero las aulas me gustan, realmente estoy contenta”, agrega.
La escuela Gabriela Mistral, en Pinar del Río, alberga el compromiso de un equipo que cada día dará lo mejor de sí para la formación e inclusión de sus estudiantes.
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