
Salvar a Carbó Serviá
El 13 de marzo de 1957, día del ataque al Palacio Presidencial y la toma revolucionaria de Radio Reloj, cambió de forma casi radical la vida personal, familiar y profesional del doctor Heliodoro Martínez Junco.
José Antonio Echeverría le había pedido que cuando se produjera una acción de guerra en La Habana, se trasladara a Emergencias para curar a los posibles heridos que se recibieran en ese centro. El día del asalto, sobre las 3 y 30 o las 4 de la tarde, mientras trabajaba en su consulta privada del Vedado, se enteró que por la radio estaban informando (1) la muerte de Batista.
Sin demora se trasladó para el hospital situado en la avenida de Carlos III, a cumplir el compromiso hecho con el líder de la FEU y el Directorio Revolucionario. Cuando llegó, supo por otro médico que en la sala E habían ingresado momentos antes a Juan Pedro Carbó Serviá, uno de los asaltantes, con el nombre de Juan Fáifer Sosa (2). Había sido remitido por la Casa de Socorros de Corrales (3).
¿Cómo sacaron a Carbó del hospital?
Martínez subió al piso superior para prestarle atención médica e impedir que cayera en manos de los esbirros de la policía. Carbó (4) le contó que la acción había fracasado, que en ella murió José Luis Gómez Wangüemert y que resultó herido de gravedad Menelao Mora Morales (5). Le pidió que lo sacara del hospital cuanto antes, porque si venía la gente de Masferrer (6) lo iban a asesinar.
El doctor lo bajó a Rayos X. Le hizo una radiografía y un examen médico. Presentaba múltiples heridas en un brazo, tenía impregnado un fragmento de metralla, pero sin fractura ósea. En la planta del pie, en el calcáneo, estaba alojado otro cuerpo extraño.
Su cuerpo olía a pólvora. En las paredes del tórax y del abdomen había muchas partículas de metralla, producidas por una ráfaga que lo alcanzó y que originó la explosión del arma que portaba en la mano. Heliodoro realizó las curaciones necesarias.
Como médico determinó que aun en esas condiciones podía ser trasladado a un escondite seguro y allí continuar el tratamiento terapéutico hasta el restablecimiento total. Coordinó con una doctora que estaba de guardia para que situara el auto particular frente al hospital y se lo llevara para su casa, donde vivía sola con su madre, y que allí continuara curándolo.
Con ayuda de la anestesista y de varios alumnos, ideó cómo sacar a Carbó por la puerta principal, vestido con un traje; pero no pudieron hacerlo porque alguien traicionó y la habían cerrado.
Tuvieron que retornar por el mismo camino. Entonces lo ayudaron a saltar un muro por detrás del edificio, para donde ya se había movido la doctora en su automóvil (7). Solo permaneció unas horas en la vivienda ya que en la noche llamó por teléfono a compañeros de su organización y lo trasladaron para otro escondite.
Unos minutos después de la evacuación de Carbó, llegó a Emergencias el sanguinario senador Masferrer con sus sicarios. Un estudiante de medicina denunció lo que había visto. Registraron las salas y notaron que faltaba Juan Fáifer Sosa. Comenzó la cacería implacable.
Persecución policíaca
Temprano, al día siguiente, Martínez Junco recibió en su clínica del Vedado, por medio de un colega, una nota de Juan Pedro Carbó Serviá, donde le decía:
“Martínez, quédate tranquilo, que pronto vamos a dar otro golpe. Entrégale al médico lo que necesita para curarme”.
Por el mensajero supo que estaba bien de salud. Pensando que Carbó se refería a la extracción del cuerpo extraño que tenía en el pie, le envió un bisturí, unas pinzas y otros elementos (8).
Poco después la esposa llamó a Martínez Junco por teléfono para decirle que policías a las órdenes del feroz coronel Esteban Ventura Novo, fueron a su casa para apresarlo. Pudo escapar por el fondo de la clínica.
La tiranía, que había desencadenado una intensa persecución a través de todos sus cuerpos represivos, conoció lo ocurrido con Carbó Serviá en “Emergencias”, ocupó la orden de radiografía y tuvo conocimiento en general de la participación personal de Martínez Junco en el caso.
Durante un mes se mantuvo en la clandestinidad. En aquellas circunstancias le hizo saber a Faustino Pérez Hernández (9), a través de familiares miembros del “26”, su disposición de marchar a la Sierra Maestra para sumarse al Ejército Rebelde.
La respuesta: En aquel momento se hacía imposible trasladarlo a Oriente por las difíciles condiciones existentes y la persecución de que era objeto. En esta crítica situación y en medio de las dificultades cada vez mayores para mantenerse en La Habana, se vio forzado a asilarse en la Embajada de México.
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El acoso policiaco continuó con otros miembros de la familia. El sargento Calzadilla, por órdenes de Ventura Novo, invadió la vivienda de 21 entre L y M, El Vedado, buscando al padre de Martínez Junco.
Alicia Pérez Sánchez, su esposa y desatacada combatiente de la clandestinidad, fue retenida por el sicario durante parte de esta larga persecución.
La casa en Guanabo donde vivían los padres de Martínez Junco y su hermana Clara Delia, fue registrada por los esbirros del batistato, desbaratada y en ella robaron todo lo que pudieron (10).
También desmantelaron el pequeño laboratorio de propiedad familiar donde de forma manual se elaboraban jarabes y tabletas medicinales y que servía para encubrir la recaudación de fondos financieros para el Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR-26-7). (11).
Denuncia pública
El historiador Dr. C Jorge Renato Ibarra Guitart, publicó en el periódico digital La Jiribilla, bajo el título Los médicos cubanos contra la dictadura de Batista, (12) la carta enviada por la hermana de Martínez Junco, dirigida al Conjunto de las Instituciones Cívicas. Cito textualmente:
“El 9 de septiembre la señora Clara Martínez Junco le dirigió una carta a José Miró Cardona, miembro del Comité del Conjunto de las Instituciones Cívicas, para informarle la manera en que la policía había violentado su domicilio y sus negocios, y cómo había afectado sus funciones como miembro de la clase de los profesionales cubanos. Clara Martínez Junco era farmacéutica (13), hermana del médico Heliodoro Martínez Junco que se encontraba asilado en México y esposa de César Blanco, un dirigente del Partido Ortodoxo en la capital”.
En su carta a Miró Cardona planteaba:
«En el día de hoy nuestra casa (…) fue asaltada por tripulantes de varias perseguidoras de la policía (…) rompiendo y llevándose documentación (…). Así mismo fueron asaltados los laboratorios Thoreks S.A. en la playa de Guanabo por la única razón de que soy Secretario Letrado de esa sociedad (…) quiero que la clase sepa que a ella he acudido, no para salvarme, sino tratar de salvar la dignidad de sus miembros”.
El padre de Martínez Junco, la hermana Clara y el esposo de ella se asilaron en la embajada de Costa Rica (14). Posteriormente la familia se radicó en México, donde ya Heliodoro trabajaba activamente dentro de los emigrados cubanos que se preparaban para regresar a la Patria con las armas en la mano para luchar por la libertad al precio hasta de sus propias vidas.
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