«Con mucho amor», así describe Joselín Delgado Herrera, de ocho años, la atención que recibe desde hace tres meses en el pediátrico pinareño Pepe Portilla, tras una luxación en las vértebras C1 y C2 cuyo tratamiento ha requerido su estancia a tiempo completo en el hospital.

Allí la atienden especialistas en neurocirugía, en coordinación con expertos nacionales en ortopedia, mientras espera su traslado al hospital William Soler, en La Habana, para someterse a una cirugía, explica su mamá, Yarelis Herrera Roque, durante la transmisión especial de la revista informativa En Torno a, de Radio Guamá, desde el centro asistencial.
Ella coincide con su hija al expresar gratitud por el apoyo incondicional de la dirección, los médicos, las enfermeras y todo el personal de la institución de la salud. «Es como si fuera mi casa, mi familia», asegura.
Y es que sanar con amor es la máxima de quienes laboran en el Hospital Pediátrico de Pinar del Río, centro que arriba a su centenario, «un suceso memorable y feliz» a juicio del historiador de la ciudad, Juan Carlos Rodríguez Díaz.
La loma de la Quinta
Los primeros intentos en Pinar del Río por crear una quinta de salud entre los comerciantes españoles comenzaron en 1890 –cuenta el destacado intelectual–, pero fue en 1903 cuando su Asociación decidió comprar los terrenos donde está ubicado el Pepe Portilla.
«En el lugar existía una gran construcción donde se levanta hoy una de las salas más hermosas que tiene la institución (actual Miscelánea), emblemática e icónica por sus valores arquitectónicos; ahí comienzan los servicios de salud», expresa.
Entonces –apunta Rodríguez Díaz– no eran solo de pediatría, por ello se crearon varias salas aledañas con nombres de mujeres que eran benefactoras de la ciudad, como Petrona Rubio y Florinda Cangas, y comenzó el ensanche constructivo.
Así el lugar –conocido como la loma de la Quinta– se convirtió en referencia para la salud en Pinar del Río. «El único testigo que queda hoy de todo el movimiento que se hizo es la gran ceiba de la entrada, porque el pórtico que tuvo la clínica se eliminó con posterioridad», dice.
El historiador resaltó la gran tradición de la especialidad de pediatría en la provincia y su progreso en la etapa revolucionaria. Recordó de manera especial la visita al centro asistencial del Líder Histórico de la Revolución, Fidel Castro, el 17 de julio de 2003, a partir de la cual se planearon remodelaciones constructivas a favor del bienestar de pacientes y personal médico.
En el pediátrico pinareño «hay una historia memorable y feliz, de trabajo, de sensibilidad, porque lo más importante en Cuba son nuestros niños», dijo al final de su intervención en el programa.
Héroes frente a la Covid-19
El colectivo del hospital protagoniza a diario jornadas de entrega a favor de la vida, asegura Sara Álvarez Reinoso, pediatra, profesora consultante, jefa del grupo provincial de pediatría, quien labora en la institución desde 1973.
En todos estos años la experimentada doctora ha sido testigo de varios cambios en la estructura del hospital. A los pabellones centrales se agregaron el bloque en L, el policlínico de especialidades pediátricas y el local de extensión universitaria, rememora.
Después, con la Batalla de Ideas –agrega–, comenzó la remodelación de esta institución centenaria que atesora una tradición a favor de la vida.

«El pediátrico es mi casa», manifiesta Álvarez Reinoso, quien asegura que un buen pediatra tiene que ser en primer lugar, muy humano. “Aquí tratamos al niño, a la madre y a toda la familia angustiada, porque cuando un niño enferma, toda la familia se desestabiliza”, refiere.
La historia más reciente del hospital pinareño recoge las páginas de heroicidad escritas por su colectivo durante la pandemia de la Covid-19, bajo la dirección de la doctora Mayté Cabrera Hernández, especialista de segundo grado en Imagenología.
«Nos satisface que no tuvimos niños críticos ni graves con esta enfermedad, ni lamentamos fallecidos de edad pediátrica, a pesar de las complejidades y de que en un momento determinado la provincia de Pinar del Río se convirtió en epicentro de la pandemia», apunta.

Con orgullo afirma que del colectivo salieron las personas que estuvieron a tiempo completo con los pacientes, incluso cuando el hospital ya no tenía camas disponibles y hubo que atenderlos en centros de aislamiento fuera de la institución.
«En ese momento tan difícil se mantuvieron también los servicios médicos a los niños que venían por otras afecciones, incluidas las intervenciones quirúrgicas de urgencia, que no se pudieron postergar», señala Cabrera Hernández.
La doctora –quien dedicó 25 años de su vida profesional al pediátrico pinareño y de ellos alrededor de siete a dirigirlo– remarcó que eso dice mucho de la capacidad, del intelecto de sus profesionales, orgullo para el sector de la salud en Pinar del Río.
Entrega y vocación
El joven galeno Osvaldo Benítez Polo corrobora los complejos momentos vividos durante la pandemia de la Covid-19, que pudieron enfrentar gracias al apoyo de quienes conducían los destinos del hospital, la disciplina y el trabajo en equipo.
Hay un antes y un después de esa enfermedad –asevera–; estuvimos cerca de la muerte, todos sabemos lo que conllevaba, pero evidentemente, tras enfrentarla, somos mejores personas, mejores profesionales de la salud.
Desde la satisfacción del deber cumplido también habla la doctora Ana Mercedes Guillén Cánovas, especialista de primer grado en pediatría, profesora auxiliar y máster en urgencia médica; tiene 34 años de trabajo en el Pepe Portilla, lo que para ella es motivo de orgullo.
«Siento mucha satisfacción de pertenecer a esta institución centenaria que ha formado durante más de 50 años a profesionales entregados al cuidado de los niños y las niñas pinareños y a devolverle la alegría a sus familias», declara.
El servicio de terapia intensiva, donde se desempeña, exhibe una admirable tasa de supervivencia, hecho que atribuye al trabajo de médicos, enfermeras, el resto del personal y a la interacción con la atención primaria de salud y otras especialidades que apoyan su labor.
Por su parte, la especialista en anestesiología, doctora Mariagne Benítez Izquierdo, comenta cuánto reconforta que pacientes y familias agradezcan el servicio que reciben en el hospital.
«Como médicos pediatras que somos todos, tenemos muchas responsabilidades; uno siempre intenta darlo todo con amor, con respeto y con mucha profesionalidad, porque en nuestras manos está la salud de los hijos de los demás», ratifica.
En el servicio de cuidados progresivos se desempeña la licenciada y máster en enfermería Luz María Cabrera, quien tras su jubilación decidió reincorporarse. «La vocación y el amor que siento por los niños me trajeron de vuelta», apunta. Para ella el pediátrico pinareño es su segundo hogar.

Un aniversario con obras
Durante el año de su centenario, áreas de la institución han recibido acciones de mantenimiento constructivo, expone su actual directora, la doctora Annie Marien Romero.
Las del bloque en L –rememora– se concluyeron en diciembre del año anterior; allí se encuentran los servicios de gastroenterología, neumología pediátrica y Miscelánea 1 para la atención de enfermedades infectocontagiosas.
«También realizamos acciones en el salón de operaciones, en el área donde se limpia y esteriliza todo el material quirúrgico que se utiliza durante la cirugía, y en la central de esterilización. En estos momentos continúan los trabajos en dos servicios de hospitalización: Miscelánea 2 y cirugía», precisa.
Empresas no estatales asumen reparaciones en hospital pediátrico pinareño
Esperamos además –apuntó– poder culminar una obra iniciada tras la visita del Comandante en Jefe Fidel Castro a nuestra institución, que es la construcción iniciada hace años en la entrada, a la izquierda de la instalación.
La directiva agradece el respaldo al centro asistencial del Programa de Atención Materno-Infantil, las autoridades del Partido y del Gobierno, y la Dirección General de Salud. Igualmente reconoce la ayuda de entidades estatales y privadas, iglesias y amigos solidarios, dentro y fuera de Cuba.
«Hemos recibido medicamentos, alimentos, insumos médicos, juguetes para los niños que se encuentran en los servicios de hospitalización y en la casita infantil», detalla.
En el hospital pediátrico –recuerda– se atiende lo más sensible que tiene la familia cubana, que son sus niños.
Romero evocó las palabras de Fidel cuando estuvo en el centro: «Un niño lo merece todo; uno enfermo, lo merece más», y señaló que no hay nada tan valioso como devolver la sonrisa a los infantes y a sus padres después de haberlos sanado”.
El Hospital Pediátrico de Pinar del Río es mucho más que una institución de salud: es un lugar donde la vocación se convierte en amor y el amor, en esperanza. Desde la loma de la Quinta hasta la batalla contra la Covid-19, generaciones de médicos, enfermeras y trabajadores han sostenido con sus manos e intelecto la vida de los infantes pinareños y la tranquilidad de sus familias.
En cada pequeño que regresa sano a casa, late la verdadera historia de este siglo de cuidados e infinita vocación de servicio.
Escuche íntegramente la transmisión especial de En torno a desde el Hospital Pediátrico «Pepe Portilla»:







