
Los apagones y carencias que marcan la realidad cubana hoy configuran un escenario hostil para la obra hermosa que es la enseñanza. Ante esa realidad, iniciar un nuevo curso escolar no es una decisión irracional, sino todo lo contrario: constituye «un mecanismo de adaptación activa y de resiliencia».
Así lo aseveró en el programa Rumbos la doctora en ciencias Betty Hernández Becerra, quien desde la psicología abordó los retos que supone el periodo lectivo y algunas claves que pueden ayudar a estudiantes, familias y docentes a transitar este período con esperanza y sentido.
Adaptación activa y resiliencia: respuestas psicológicas ante la adversidad
El punto de partida de la reflexión fue una constatación ineludible: el curso escolar ha comenzado en medio de una crisis profunda, marcada por apagones, escasez de recursos y limitaciones materiales. Ante ese panorama, Hernández Becerra habló de la adaptación activa y la resiliencia como respuestas sicológicas ante la adversidad.
La clave, explicó, reside en la búsqueda de esferas de control interno. «Hay algo que desde fuera no puedo controlar, pero hay algo que desde dentro sí», señaló.
Esa capacidad de decidir sobre el propio camino —la elección de una carrera, la continuidad de los estudios, la reafirmación de un proyecto vital— actúa como un amortiguador psicológico frente al estrés crónico que genera la situación externa.
Necesidades psicológicas profundas que nos impulsan
Apoyándose en la teoría de la autodeterminación, la psicóloga identificó tres necesidades universales que explican por qué las personas continúan apostando por la formación y el conocimiento incluso en las circunstancias más adversas:
- Autonomía: la capacidad de decidir activamente el propio destino. «Más allá de la escasez, yo tengo un sueño y voy por él», sintetizó.
- Competencia: la necesidad de desarrollar el propio talento y sentirse capaz. A pesar de las limitaciones materiales, los estudiantes de arte, medicina, deportes o cualquier otra disciplina siguen apostando por formarse.
- Vínculo: la búsqueda de pertenencia a comunidades afines, el propósito colectivo y la conexión con los demás.
Recursos psicológicos para mantener viva la inspiración
La especialista compartió herramientas concretas para sostener el deseo de aprender y enseñar a lo largo del curso:
- Tolerancia a la frustración: aceptar que los planes pueden encontrar obstáculos y que es necesario reajustar sin renunciar a los objetivos.
- Flexibilidad cognitiva: adaptarse a nuevas formas de aprendizaje, como los recursos digitales, las redes vecinales de apoyo o las modalidades semipresenciales.
- Pensamiento de ruta y esperanza: la esperanza entendida no como un sentimiento pasivo, sino como «la capacidad de generar caminos alternativos».
- Evitar la desesperanza aprendida: no permitir que el discurso negativo externo se incorpore como verdad propia.
Vínculo escuela, familia y comunidad

A lo largo del programa, Hernández Becerra insistió en que el aprendizaje no se limita a los libros ni a las aulas. El vínculo entre escuela, familia y comunidad —presente desde la etapa preescolar hasta la universidad— es fundamental para sostener los sentidos que nos han traído hasta aquí, dijo.
La experta subrayó que el curso escolar, con todos sus retos, es una oportunidad para reafirmar la coherencia de la identidad y el sentido de vida.
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Esa fuerza, esa identidad que se convierte en ancla fundamental, permite que las recompensas no sean solo futuras —un empleo, un título—, sino presentes: la paz mental, la sensación de crecimiento auténtico, la posibilidad de reinventarse incluso en la adversidad.
El curso escolar ha comenzado. Y con él, la apuesta por seguir aprendiendo, por seguir enseñando y por seguir construyendo, entre todos, un país donde el conocimiento y la esperanza sigan teniendo un lugar central.
Escuche aquí la explicación detallada y recomendaciones de la especialista:


