No es solo leche. Es la primera caricia que recibe el sistema inmunológico, el primer diálogo entre dos cuerpos que aún se reconocen y el acto de amor más perfecto que la naturaleza ha diseñado. La lactancia materna trasciende la mera alimentación para convertirse en el cimiento de la salud física, emocional y social del ser humano.
Sobre el tema dialogó en el programa Rumbos el doctor Eduardo Enrique Cecilia Paredes, quien, en el marco de la Semana Mundial de la Lactancia Materna, nos regaló una mirada profunda, científica y profundamente humana sobre ese acto irrepetible que es amamantar.

La evolución de la leche materna
El doctor inició su explicación destacando la naturaleza dinámica de la leche materna. Hizo hincapié en que el proceso no es estático, sino que comienza con el calostro, ese primer «tesoro líquido» que recibe el recién nacido.
Esta sustancia inicial, rica en defensas y nutrientes, evoluciona en su composición para adaptarse a las necesidades cambiantes del bebé, pasando de un alto contenido calórico y de ácidos grasos a un perfil más proteico a medida que la lactancia avanza.
El especialista fue contundente al calificar la leche materna como «el alimento más completo que existe en la especie humana». Los beneficios, aseveró, son múltiples y trascienden lo meramente nutricional.

La leche materna es considerada la primera vacuna del bebé. Estudios de la Asociación Americana de Pediatría y la Asociación Europea de Pediatría respaldan que los niños alimentados con leche materna de forma exclusiva hasta los 6 meses (y complementada hasta el año) presentan un menor riesgo de desarrollar infecciones y enfermedades crónicas en el futuro.
«Se enferman menos, desarrollan pocas enfermedades crónicas o estas se retardan en aparecer», afirmó Cecilia Paredes.
Además, resaltó el impacto positivo en el desarrollo de las capacidades intelectuales y la comunicación, forjando personas «más inteligentes, más comunicativas y más dadas al diálogo».
Pero, el acto de amamantar no solo beneficia al infante. En la madre, la succión del bebé libera oxitocina, conocida como la «hormona del bienestar», que favorece la involución uterina y el reacomodo de los órganos tras el embarazo.
Más allá de lo físico, el doctor subrayó el fortalecimiento del vínculo afectivo madre-hijo. «Se favorece el intercambio de afectos, de sentimientos, de miradas, de caricias», mencionó, recomendando que este proceso se realice en un lugar tranquilo y armónico, donde prime la paz y la relajación.
«Si la madre está ansiosa, se lo transmite al niño», advirtió. Además, explicó que el reflejo de bajada de la leche se ve condicionado por el entorno y la tranquilidad de la mujer. Así como un adulto se irrita si no encuentra comida, el bebé se torna irritable si no encuentra el alimento de manera fluida, generando un ciclo de estrés que puede afectar el proceso, dijo.
¿Qué pasa cuando no es posible la lactancia materna?
Consciente de que no todas las madres pueden amamantar de forma exclusiva, el especialista abordó la introducción de otras leches (vaca, cabra o fórmulas infantiles en polvo). En este punto, fue enfático: «A pesar de las múltiples vitaminas y nutrientes que presentan en sus prospectos, no se ha podido crear un alimento que tenga el 100% de todos los elementos que aporta la leche materna».
Para quienes opten por estas alternativas, el doctor ofreció una serie de recomendaciones vitales:
Leche de Vaca o Cabra: Debe ser hervida y, en el caso de la leche de vaca, se recomienda «terciar» o aguar la leche para reducir su carga proteica. Es vital asegurarse de que el animal no padezca enfermedades como la brucelosis.
Leche en Polvo (Fórmulas): Se debe seguir estrictamente la preparación indicada en el prospecto (generalmente una cucharada sopera por cada 2 onzas de agua). El agua debe ser hervida y el biberón y utensilios deben estar perfectamente esterilizados para evitar infecciones.
El doctor recordó que la leche de búfalo, por su alto contenido graso, suele reservarse como última opción.
Recomendaciones prácticas
El galeno también se refirió a los horarios de alimentación, señalando que un intervalo de 3:30 a 4 horas es el recomendado para el lactante. Postergar la tetada por más de 5 o 6 horas puede generar hipoglicemia en el bebé, mientras que adelantarla podría sobrecargar su intestino con lactosa y causar trastornos dispépticos o diarreas transicionales, que, aunque no suelen deshidratar, son motivo de consulta médica.
El Doctor Eduardo Cecilia concluyó su intervención haciendo un llamado a la difusión de estos conocimientos. Invitó a los oyentes a consultar en la web materiales complementarios sobre las técnicas de lactancia recomendadas por la Organización Mundial de la Salud.
«La lactancia materna no se debe perder de vista pues nutrir adecuadamente a los niños es invertir en adultos más sanos, competentes y emocionalmente estables para el futuro», sentenció.
Escuche aquí las declaraciones:


