
«Los medicamentos son como una suegra, pueden ser amigos y enemigos a la vez». Esta afirmación, dicha en tono jocoso por la doctora Nora María Lemus Fajardo, especialista en geriatría, esconde una verdad médica contundente:
Son amigos cuando se toman bajo prescripción facultativa, en la dosis adecuada y siguiendo el método indicado por el profesional de la salud. Pero se convierten en enemigos cuando se consumen de forma indiscriminada, sin receta, con abuso o generando adicción; en esos casos, lejos de curar, pueden matar, aseveró la especialista.
No es lo mismo sufrir una reacción alérgica inesperada a un medicamento bien indicado, que desarrollar una insuficiencia renal o hepática por el abuso de fármacos, ilustró.
En su más reciente intervención en el programa Rumbos de Radio Guamá, la experta alertó sobre casos comunes en la tercera edad como el consumo excesivo de vitaminas, somníferos o ansiolíticos como el Alprazolán, que pueden generar adicción y efectos secundarios graves; dígase temblores, mareos o caídas.
El Peligro de la Polimedicación en el Adulto Mayor
Uno de los puntos centrales del diálogo fue el análisis por grupos etarios. Mientras que niños y adolescentes suelen evitar los medicamentos, el adulto mayor es el más vulnerable.
Con frecuencia, el anciano vive solo, está triste y padece múltiples enfermedades como cardiopatías, insuficiencia renal o gastritis. Esto lo lleva a visitar a varios especialistas, cada uno de los cuales indica un fármaco, lo cual conlleva a lo que se conoce como polimedicación.
«He tenido pacientes que llegan tomando cuatro diuréticos diferentes —Furosemida, Hidroclorotiazida, Terazosina y Espironolactona— y el motivo de consulta es que se caen con frecuencia. ¿Cómo no se van a caer si tienen la presión baja?», ejemplificó la doctora.
Para evitar estos riesgos, es vital que el paciente o su cuidador informen al médico sobre todos los fármacos que consume, incluso aquellos que se toman por automedicación, ya que ocultar esta información puede provocar interacciones peligrosas.

¿Por qué un mismo medicamento no funciona igual en todos?
Lemus Fajardo explicó, además, que la respuesta a un fármaco es totalmente individual: dos personas de la misma edad y sexo pueden reaccionar de manera distinta a un medicamento. Esto depende del estilo de vida y del estado de los órganos, especialmente los riñones y el hígado, encargados de eliminar los fármacos.
Una persona con una función renal óptima eliminará el medicamento rápido, mientras que otra con un riñón «más cansado» por malos hábitos o enfermedades lo eliminará más lentamente, provocando que el fármaco permanezca más tiempo en sangre y genere más reacciones adversas.
A esto se suma la influencia del sistema inmunológico: no es lo mismo tratar una neumonía en un paciente inmunodeprimido, que requerirá ciertos antibióticos, que en uno saludable. Por todo ello, la automedicación, en cualquier contexto, es un acto de alto riesgo, enfatizó la doctora.
Mitos y Realidades
Durante el programa, los oyentes interactuaron vía telefónica y dos preguntas destacaron por su recurrencia. La primera fue si se pueden tomar medicamentos con leche o yogur. La doctora fue clara: depende del fármaco.
Medicamentos como los que contienen hierro, la Eritromicina o la Azitromicina no deben ingerirse con productos lácteos porque disminuyen su absorción. Lo ideal es siempre preguntar al médico sobre las interacciones con los alimentos.
La segunda consulta fue sobre el consumo de alcohol mientras se toman antibióticos o antihistamínicos, y la respuesta de la especialista fue un rotundo «no».
El alcohol es agresivo por sí mismo, y combinado con antihistamínicos potencia la somnolencia; pero hay una advertencia mayor: mezclar alcohol con Metronidazol o Sulfas puede provocar una reacción grave, conocida como efecto antabús, que puede llevar a la muerte. Durante un tratamiento farmacológico, el alcohol debe evitarse por completo.
Señales de alerta
La doctora Lemus finalizó su intervención enumerando los factores que convierten a una persona en candidata a la automedicación, así como las señales de alerta que las familias deben observar.
Entre los factores de riesgo mencionó la depresión y la tristeza, la soledad o viudez, el insomnio y la falsa autoevaluación de la vejez, que lleva a muchas personas a creer que necesitan colágeno o vitaminas para «dejar de envejecer».
Mientras, en cuanto a las señales de que un familiar podría estar abusando de los medicamentos, destacó la voz «borracha» o el lenguaje torpe, la hipotensión inexplicable, la agitación psicomotora sin motivo aparente, la somnolencia excesiva y la aparición de rash cutáneo (manchas rojas en la piel) o lesiones en la boca.
Ante estos síntomas, el familiar debe interrogar al anciano de manera directa y sincera, y acudir a un médico para frenar el problema a tiempo.
El envejecimiento debe ser un proceso disfrutado, no una carrera por consumir pastillas. La doctora Nora Lemus dejó un mensaje contundente para todos los radioescuchas: «El problema no es el medicamento, el problema es la automedicación. No cambie las dosis, no comparta sus fármacos con sus vecinos. Lo que le sienta bien a usted puede matar a otro. Visite a su facultativo y sea honesto con él».
Escuche aquí todas las recomendaciones de la especialista:


