Su nombre, Caridad Bravo Abreu, corrió de boca en boca cuando el pasado 29 de abril recibía el título de Heroína del Trabajo de la República de Cuba. Tras él hay una rica historia marcada por el sacrificio y la entrega de esta pinareña de origen campesino.

Nació en el poblado de Río Feo, perteneciente al sureño municipio de San Juan y Martínez, donde aprendió los secretos que rondan el cultivo del tabaco.
»Cada actividad la asumía con devoción porque con ello contribuía al bienestar de la familia», acota.
Tras el primero de enero de 1959 y muy joven, se sumó a las tareas de la naciente Revolución convencida de la importancia de su protagonismo.

Fue una de las tantas mujeres que contribuyó a la alfabetización del pueblo cubano. En 1965 inició estudios en el Instituto Enrique José Varona de la capital cubana para dedicar su vida a la pedagogía.
El español y la historia marcarían su andar por la docencia, que aún ejerce. Conoció parte de Cuba «con los ariques puestos», como gusta decir, y en 1969 llega a las escuelas militares Camilo Cienfuegos, fragua de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
»En ellas permanecí hasta el 2004 que paso a la jubilación tras 34 años de trabajo. Fue una etapa ennoblecedora y fructífera», confiesa.
Ya para el 2005 comienza a laborar en la escuela del Ministerio del Interior, llamada hoy Institución Docente Territorial Jesús Cejas Arias, quien fuera su amigo de la infancia.
»Y ahí estoy desde hace 21 años aunque empecé por ‘un tiempito ‘», comenta al tiempo que sonríe con picardía.
Suma 56 años de trabajo. Su hoja de servicio es amplia, es fundadora del Sindicato de los trabajadores civiles de la defensa y militante del Partido Comunista de Cuba. Alberga la modestia y es referente para las de su género.
«No hay tarea imposible para una mujer, la crudeza de estos tiempos nos hacen crecer, que nadie lo dude», asevera.
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