Un dato sorprende y alarma. Los reportes, hasta el momento, solo confirman la existencia de dos ejemplares adultos de un árbol. Y ambos viven en lo más profundo del Valle de Ancón en el municipio norteño de Viñales.
No obstante, un equipo científico logró obtener más de una veintena de nuevos individuos listos para regresar al monte.
El Doctor en Ciencias Vidal Pérez Hernández, investigador titular del Centro de Investigaciones y Servicios Ambientales ECOVIDA, nos revela el linaje de Juglans jamaicensis var. insularis, una especie negada a desaparecer.

«Nogal es el nombre común por el que la conocen los pobladores del lugar donde habitan. Pero el género Juglans es muy conocido en el mundo entero; es originario de Asia y Europa del Este. Se utilizaba desde hace muchísimo tiempo por ser el nogal, como le decían los romanos, el árbol de la nuez de Dios, también por sus características médicas», explica.
El hecho es que nuestro nogal pinareño es un sobreviviente con un nombre científico casi tan complejo como su propia existencia: Juglans jamaicensis var. insularis, variedad única de esta provincia en donde habitan los dos árboles adultos reportados.
«Solamente contamos en este momento con dos individuos de Juglans adultos perfectamente viables. De hecho, en la última visita que nosotros realizamos al Valle de Ancón, vimos alguna regeneración natural de quizás algún juvenil, pero aún no confirmamos que esos juveniles hayan llegado a su adultez y que puedan formar parte del patrimonio vegetal de Viñales y Pinar del Río», señala el investigador.
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Los dos ancianos majestuosos son custodiados cada día por celosos guardaparques, según informa el doctor Pérez Hernández, quien explica que estos árboles pueden alcanzar los 25 metros y son sumamente exigentes para vivir:
«Es un árbol bastante difícil desde el punto de vista de su ecología, ya que él nace en rencinas sobre mogote; la rencina es un tipo de materia orgánica, una turba que se acumula en las oquedades, en los huecos de lo que es el calzo. Es una especie endémica, y en general, las especies endémicas son complicadas para su desarrollo y llegada a la adultez».


Difícil, complicado, exclusivo. El investigador explica que este nogal necesita una cuna de materia orgánica perfecta en los huecos de los mogotes. Y ante el riesgo de perderlo un equipo de expedición calzó las botas y llegó, de forma oportuna, a lo más intrincado de Ancón.
«En esa última expedición pudimos encontrar alrededor de 50 frutos que eran viables en ese momento, estaban maduros, los recolectamos y trasladamos hacia el Jardín Botánico de Pinar del Río, donde, después de un tratamiento cultural para la escarificación de las semillas, las sembramos en el vivero del Jardín, imitando un poco las condiciones edafológicas del sustrato en el que vive.
«Contamos ya con 25 nuevos individuos de Juglans jamaicensis var. insularis, que están listos para su reintroducción en el Parque Nacional Viñales», aseguró.


El logro representa más que la salvación de un árbol, pues el doctor Vidal nos recuerda que es una lucha por nuestra identidad:
«Se trata de recuperar sobre todo las especies nativas, endémicas, porque hay una proliferación muy elevada de especies exóticas e invasoras que van en detrimento de los suelos, de los polinizadores, de las aves y de los ecosistemas en sentido general, y entonces van perdiendo sus características originales.
«Y es importante tratar de mantenerlas, sobre todo en muestras vivas, como hemos logrado hasta hace poco en el Jardín Botánico de Pinar del Río, donde introdujimos dos nuevos individuos de este Juglans jamaicensis var. insularis, en el área de las especies endémicas».

Recuperar una especie endémica es también lograr que las nuevas generaciones puedan ver, estudiar y sentir el orgullo de lo que somos. En Pinar del Río el Juglans jamaicensis var. insularis sobrevive y, gracias al esfuerzo de muchos, se reproduce. Salvarlo, más que un acto de ciencia, es un acto de amor por la riqueza que nos hace distintos ante los ojos del mundo.
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