La adolescencia, una etapa que muchos asocian con ilusiones y descubrimientos, es también un período de extrema vulnerabilidad en la que el riesgo suicida puede acechar en silencio. Así lo abordó la doctora en Ciencias Psicológicas, Betty Hernández Becerra, en el espacio «Rumbos» de Radio Guamá, donde desmontó mitos, ofreció herramientas de prevención y llamó a la familia a escuchar más allá de las palabras.

¿Por qué aumenta el riesgo en la adolescencia?
La especialista explicó que esta etapa conjuga tres factores de riesgo:
- Biológico: La corteza prefrontal, encargada del control de los impulsos, aún no está completamente desarrollada. Esto hace que las emociones sean más intensas y su regulación más difícil.
- Psicológico: Predomina el pensamiento dicotómico («todo o nada», «siempre o nunca»), sumado a una hipersensibilidad al rechazo social y una percepción del tiempo distorsionada, donde los problemas parecen eternos y sin solución.
- Social: Presión académica, conflictos familiares, desamores y el impacto de las redes sociales y el acoso escolar pueden actuar como detonantes.
Señales de alerta
Detectar a tiempo una conducta suicida es vital. Betty Hernández advirtió que los adolescentes no siempre dicen «quiero morirme». Hay que prestar atención a:
- Señales verbales: Frases como «soy una carga», «todo estaría mejor sin mí» o «mejor me desaparezco», incluso dichas en broma o en redes sociales.
- Cambios de conducta: Regalar pertenencias queridas, aislarse de amigos y actividades que antes disfrutaban, despedirse, o mostrar interés inusual por medicamentos o métodos letales.
- Señales emocionales: Irritabilidad extrema, tristeza profunda que de repente se transforma en una calma inusual (posible indicio de que ya tomaron una decisión).
- Síntomas físicos: Insomnio o hipersomnia, pérdida o aumento de peso significativo, y abandono de la higiene personal.
Preguntar salva vidas
Uno de los mitos más peligrosos es creer que preguntar directamente sobre el suicidio puede empeorar la situación. «Es falso», afirmó la psicóloga. «La evidencia científica muestra que preguntar reduce la ansiedad y abre una puerta de ayuda», enfatizó.
Recomendó hacerlo en privado, sin dramatismos ni juicios, y con frases que transmitan compañía: «Últimamente te noto muy apagado, ¿has pensado en hacerte daño?».
¿Qué hacer si el adolescente confiesa ideas suicidas?
Si el joven responde que sí, la especialista fue contundente en sus consejos:
- No dejarlo solo en ningún momento.
- No minimizar ni debatir sus sentimientos. Frases como «eso son tonterías» son contraproducentes.
- Romper el pacto de silencio. Si pide que no se lo cuente a nadie, hay que explicarle que la vida está primero que la confidencialidad, y buscar ayuda profesional.
- Retirar medios letales (medicinas, sogas, cuchillos) y acudir a un servicio de salud mental o a una guardia hospitalaria si el riesgo es inminente.
Factores protectores: el amor y la conexión
La doctora destacó que existen elementos que pueden actuar como escudos frente al suicidio:
- Conexión familiar: sentirse escuchado sin gritos ni castigos.
- Un adulto de confianza (puede ser un profesor, un entrenador o un familiar).
- Habilidades de regulación emocional y tolerancia a la frustración.
- Sentido de pertenencia a grupos reales (deportivos, artísticos, religiosos).
- Metas a corto plazo que generen ilusión y proyección de futuro.
La responsabilidad de los adultos
Betty Hernández llamó a los padres y cuidadores a no negar la realidad ni etiquetar a los adolescentes como «manipuladores» o «rebeldes». Advirtió que el lenguaje que usamos con ellos construye su identidad.
«Si decimos que es agresivo por un comportamiento puntual, podemos convertirlo en una verdad», explicó.
El consejo final fue contundente: «Escuchen la voz de sus hijos en el silencio. Detrás de una frase corta puede haber una decisión definitiva. No cerremos los ojos; hablemos del tema, porque hablar es la primera forma de salvar una vida».
Escuche todas las recomendaciones de la especialista:


