Existe un lugar que atesora variedades de plantas, incluso algunas que damos por extintas; ahí tienen su registro más completo ejemplares endémicos de nuestra provincia. Se trata del herbario ubicado en el Jardín Botánico de Pinar del Río.
HAJU es el acrónimo de este sitio, nombrado en homenaje al doctor Armando Jesús Urquiola, iniciador de la colección, su principal colector y quien identificaba cada planta en ese entonces, según nos cuenta el biólogo Enrique González Pendás, curador del herbario.

“Aunque hay algunos préstamos de otras instituciones, y ejemplares donados, prácticamente la mayoría pertenece a la colección personal de Urquiola; su nombre aparece en gran parte de las etiquetas como colector o determinador”, comenta.
Un herbario único en Cuba
A juicio de González Pendás, lo que hace único a este herbario es que la mayoría de sus ejemplares provienen de un ecosistema muy particular, las llamadas arenas blancas, o arenas de cuarzo, uno de los más frágiles y singulares de Cuba.
“Esa fue la especialización de Urquiola en la botánica, su tesis de doctorado fue sobre las plantas adaptadas a estos ecosistemas, lo que convirtió la colección en la más representativa de este tipo de flora. Por eso es tan consultada por especialistas de toda Cuba.
“Además de que Pinar del Río es una de las zonas con mayor diversidad vegetal del país, con una cantidad de paisajes y ecosistemas muy variados, tiene distritos fitogeográficos con diferencias notables, y además un nivel de endemismo vegetal muy alto, no sólo en las arenas de cuarzo, sino en los mogotes de Viñales, en Guanahacabibes, las serpentinas, las pizarras, etcétera”, precisa el especialista.


Más de 5 mil 500 registros hablan de una colección que, según su curador, guarda nada menos que buena parte de la historia vegetal de la provincia.
Pero el reconocimiento del HAJU, va más allá de Cuba pues “forma parte de la lista mundial de herbarios y, junto al Herbario Nacional y al del Jardín Botánico Nacional, es uno de los tres del país con derecho a voto en el Congreso Internacional de Botánica, donde se aprueba el Código Internacional de Nomenclatura Botánica”, informó el curador.
Según González Pendás, “otros proyectos analizan cambios morfológicos asociados a factores climáticos como las precipitaciones, la humedad relativa, u otros. De tal manera pueden arrojar si varió la flora pinareña en cuanto al tamaño de la hojas, cambios en la fenología de las plantas con la floración, la fructificación, la época en que se dan estos procesos, cosas así… detalles que nos indiquen que debido a factores climáticos, las plantas buscan adaptarse…”
“También aparece en una publicación internacional que intentó registrar todos los herbarios del mundo, un reconocimiento que no todas las colecciones lograron obtener.
“Hemos recibido muchísimas consultas, no solo de botánicos cubanos sino también de extranjeros. Aún hoy, como curador registrado en el índex, recibo solicitudes para trabajos conjuntos, proyectos internacionales, y sobre todo para subir a portales que comparten datos sobre biodiversidad, o de especialistas que trabajan determinados géneros o familias de plantas y quieren información sobre ellas”.
Usos actuales más allá de la botánica

Los usos actuales de los herbarios, nos dice Enrique González Pendás, trascienden a los botánicos, desde ayudar en investigaciones criminalísticas hasta servir como herramienta para medir los efectos del cambio climático.
“Siempre buscamos maneras de que la gente vea la importancia de los herbarios para la botánica; son útiles para comparar muestras antiguas con las modernas y observar los estomas (aperturas que tienen las hojas para el intercambio gaseoso) y así poder estimar, por ejemplo, la cantidad de dióxido de carbono que había antes y ahora, y por ahí tener una idea de cómo ha cambiado el clima en una región, por solo citar una idea”, explica.
El herbario Armando Jesús Urquiola HAJU alberga un tesoro invaluable en sus colectas: endémicos de Pinar del Río. Y entre lo más impactante, plantas que se consideran extintas en la vida silvestre, pero que pueden estudiarse en sus registros.
“Contamos con especies como la Pinguicula cubensis, una carnívora de Cajálbana, una insectívora de la que no hay reportes en los últimos años; sin embargo, nosotros tenemos una colecta en el herbario. También ejemplares únicos de Xyris descritos por Uquiola, que trabajaba mucho esta familia; y endémicos como Encopella tenuifolia o Diphyllocalyx urquiolae, por ejemplo”, detalla el curador.
Para el curador Enrique González Pendás, una correcta identificación de las especies -disciplina conocida como taxonomía- resulta esencial para conservarlas “porque muchas veces, si usted no identifica bien una planta, puede conservarse como algo raro sin serlo, o por el contrario, ignorarse su verdadero valor si se trata de una especie muy escasa”, advierte.
Digitalización y futuro


Hoy el herbario del Jardín Botánio de Pinar del Río avanza en la digitalización de sus colectas, lo que facilitará el acceso a la información de investigadores de todo el mundo.
Pero nada de eso sería posible sin la figura del curador, guardián de esa memoria vegetal, de esos ejemplares preservados; una labor que asume Enrique con orgullo y responsabilidad.
“El curador en primer lugar tiene que sentir pasión por lo que hace. Porque administrar el herbario se trata sobre todo de estar a cargo de la conservación de un registro muchas veces muy antiguo y de suma importancia, de ejemplares que a lo mejor no hay en otro lugar del mundo, nada más que en tu colección.
“Y entonces tienes que tener, primero, el conocimiento de cómo se debe colectar en el campo para que esas muestras valgan la pena; qué debes hacer en el proceso posterior para llegar hasta el punto final donde se monta el ejemplar en una cartulina con su información en una etiqueta; y tener un conocimiento de taxonomía adecuado que pueda llegar a responder las inquietudes acerca de esa colección cuando alguien haga luego una consulta. Pero el curador es el principal responsable de lo que pase con la colección y de los errores o las virtudes que pueda tener”, explica.
Lo que él protege es la evidencia de lo que existió y existe. Entre las paredes del herbario del Jardín Botánico de Pinar del Río, se resguarda una de las colecciones más singulares de Cuba con buena parte de la historia -viva y extinta- de nuestra flora.
Escuche sus declaraciones aquí:


