Adolfo Guzmán por siempre

Comentario especializado de la musicóloga Doris Céspedes Lobo en el programa Música Es.

Para un artista que dedicó buena parte de su formación a la ejecución pianística concertística, resulta una decisión poco común, asumir la faceta de acompañamiento, sobre todo cuando se poseen las condiciones para destacar en la interpretación como solista.

Sin embargo, Adolfo Guzmán descubrió que este instrumento podía ser algo más que una forma de expresar sus ideas musicales y sentimientos para convertirse en el medio efectivo donde concebir su obra autoral y la manera de complementar sus dotes con otros reconocidos intérpretes de la manifestación.

Adolfo Guzmán tuvo la capacidad de adaptarse a las condiciones técnicas y tímbricas de los vocalistas que acompañó a lo largo de su carrera, entre los que pueden mencionarse a Libertad Lamarque o Lucho Gatica entre otros muchos. Pero su interpretación rebasó la pura función acompañante para complementar una obra en la que voz y piano asumen una función protagónica para lograr una propuesta de extraordinarios valores estéticos y musicales.

Su preparación académica unida a la asimilación de los códigos de la cancionística y otros géneros, adquiridos en su práctica como director musical, orquestador y pianista, le permitieron romper las barreras entre la llamada música de concierto y la popular, llegando a concebir canciones que pudieran catalogarse en el entorno del canto lírico y otras que se ajustan al bolero y otras variantes de la canción.

La trayectoria artística de Adolfo Guzmán no limitó espacios para la comunicación con un público diverso y exigente, desde los escenarios de importantes centros nocturnos de la capital, donde dirigió orquestas y acompañó a solistas vocalistas; hasta los más encumbrados teatros como el Gran Teatro de La Habana o el Teatro Lírico Nacional, en los que su obra se escuchó en las voces e instrumentos de importantes figuras de la manifestación en su tiempo.

Sin embargo, su vínculo con la radio y la televisión, fue trascendental para la preservación de su imperecedero legado en la historia de la música cubana.

La labor como compositor, orquestador y director de Adolfo Guzmán, se hizo sentir en espacios trascendentes de la radio cubana, en los que quedó registrada gran parte de su obra. También destacan sus composiciones incidentales para dramatizados como Los tres mosqueteros o Los insurgentes, que grabó con la Orquesta del ICRT bajo su dirección; o las ediciones del reconocido Álbum de Cuba, que inmortalizó a Esther Borja con las piezas más importantes del repertorio lírico cubano.

Sus cualidades como director y orquestador, además de mostrar la inconfundible síntesis de elementos y aportaciones, demostró el dominio de los diferentes formatos, principalmente aquellos de grandes dimensiones como las orquestas big band o sinfónicas, con las que supo explotar las potencialidades tímbricas y habilidades para lograr la distribución de las voces de la armonía, sin que se afectara el destaque melódico del solista, o la cuerda elegida para esta función.

Aunque el legado de Adolfo Guzmán a la música cubana, abarca su amplio desempeño como director, que incluyó agrupaciones de la llamada música popular como la Orquesta Riverside o Los Modernistas, hasta formaciones de concierto, entre las que puede mencionarse a la Orquesta del Teatro Lírico; su mayor aporte se centra en el extenso y diverso catálogo autoral, que logró extenderse a los escenarios cubanos y del resto del mundo en las voces e instrumentos de reconocidos intérpretes de la manifestación.

Su vínculo con la música popular, le llevó a explorar diversos géneros, algunos de los cuales marcaron etapas en su labor composicional e interpretativa como el vals o el tango, que gozaban de gran popularidad, principalmente a través de los espacios radiales y televisivos. Pero la canción se convirtió en el medio esencial para transmitir sus ideas musicales y llevar a la práctica los conocimientos adquiridos a través de diversas vías.

Las canciones de Adolfo Guzmán son una muestra de gran madurez poética y musical, sin excesivos recursos literarios, tal vez por su apego a las vivencias y el carácter autobiográfico de muchos de sus textos. Melodías difíciles desde el punto de vista interpretativo, se ajustan a la sencillez de su estructura, como es habitual en el tratamiento que recibe el género en nuestro país.

En la creación del connotado artista, destaca el hecho de que sus obras, a pesar de contar con un lirismo que las acercan al teatro lírico, dedicado a públicos selectos en cierta medida, hubieran logrado elevados niveles de popularidad, al punto de convertirse en hits en los momentos de su lanzamiento y permanecer en los repertorios de intérpretes actuales.

A pesar de que el feeling, como tendencia o modo de interpretación, se generaliza en el contexto trovadoresco, la creación de Adolfo Guzmán, muestra marcadas influencias de sus códigos creativos, no solamente por el tratamiento disonante de la armonía en sus acompañamientos; sino por la manera de estructurar las líneas melódicas, que conducen a notables saltos, con gran fuerza expresiva y sugerencias de giros provenientes del jazz.

La crítica cataloga la obra de Guzmán como una muestra de cubanía, no por el empleo de ritmos sincopados como sucede en otros casos, más bien por la manera peculiar de sintetizar influencias y recrear los valores de nuestra cultura, patentizando su inclusión entre los más grandes autores e intérpretes de nuestro país.

Le puede interesar:

Willie Colón: su legado a la música salsa

Foto del avatar
Doris Céspedes Lobo
Artículos: 14

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *