La temporada ciclónica en Cuba se extiende oficialmente desde el 1 de junio hasta el 30 de noviembre. Para la provincia de Pinar del Río, esta es una etapa especialmente crítica, pues su posición geográfica en el extremo occidental del país, la ubica en la «autopista de los huracanes».
Es este el territorio de más peligro de afectación por ciclones, tormentas tropicales y huracanes de categoría uno, dos y cuatro. Los meses de agosto, septiembre y octubre representan el mayor riesgo.
A pocos días de iniciar el período, en el programa Rumbos, el Doctor en Ciencias Carlos Alberto Miranda Sierra, reconocido meteorólogo, conversó sobre el pronóstico de la temporada ciclónica 2026 en la Cuenca del Atlántico y la preparación del sistema hidrometeorológico cubano para enfrentar estos fenómenos.

Pronósticos y elementos preocupantes
El experto explicó que la temporada 2026 se pronostica poco activa, por debajo de la media histórica, con la formación de once ciclones tropicales en toda la cuenca del Atlántico Norte.
De ellos, cinco podrían alcanzar categoría de huracán y dos podrían ser huracanes de gran intensidad. La distribución prevista es: ocho en el Atlántico, dos en el Caribe y uno en el Golfo de México, aseguró Miranda.
Resaltó que las probabilidades son significativas: 40 por ciento de que un huracán del Atlántico entre al Caribe, 65 por ciento de que se origine al menos un huracán en el Caribe, 40 por ciento de que Cuba sea afectada por al menos un huracán (por encima de la media histórica) y setenta y cinco por ciento de que sea afectada por al menos una tormenta tropical.
El meteorólogo advirtió que, aunque el evento de El Niño que se prevé a partir de junio o julio tiende a inhibir la actividad ciclónica, existe un elemento preocupante: la temperatura superficial del mar en el Atlántico y el Caribe mostrará anomalías cálidas en los meses más peligrosos (agosto, septiembre y octubre, lo que favorece la intensificación de los ciclones).
¿Cómo se prepara la provincia?
Miranda detalló que la preparación del sistema hidrometeorológico incluye el monitoreo constante de 159 puntos de medición de lluvia en la provincia, con énfasis en los 64 pluviómetros de la red informativa diaria y siete equipos registradores en la cuenca del río Cuyaguateje.
Durante las fases de alerta y alarma, la frecuencia de medición se intensifica de cada ocho a cada dos horas. Tradicionalmente, las zonas de mayor peligro por inundaciones son Isabel Rubio, el Batey de Sánchez en Las Ovas, y el paso entre Paso Quemado y San Diego de los Baños.
Otra medida consiste en emitir partes diarios sobre el estado de las presas, incluyendo la de Sanguily y la de la Juventud.
Lo que debemos hacer en casa
El meteorólogo recomendó especialmente la «guía familiar para la protección ante ciclones tropicales», que incluye la preparación de una mochila con documentos, medicamentos, agua hervida o clorada, linterna, radio portátil, pilas, alimentos no perecederos, repelente y ropa.

Miranda Sierra resaltó la necesidad de conocer el procedimiento para desmontar y proteger los paneles solares fotovoltaicos ante vientos fuertes, ya que estos funcionan como velas y pueden convertirse en peligrosas planchas voladoras.
Es vital mantenerse informado exclusivamente a través de los medios oficiales. Las autoridades, encabezadas por la Defensa Civil, son las únicas facultadas para decretar las fases informativa, alerta o alarma, y se recomienda seguir estrictamente sus indicaciones.
Entre ellas destaca evacuar cuando sea señalado, no salir durante el paso del ojo del huracán (aunque haya calma aparente), y esperar a la fase de recuperación para evaluar daños, evitando tocar cables eléctricos o transitar por áreas inundadas.
Para conocer todos los detalles, lo invitamos a escuchar el audio completo del programa Rumbos:
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