La tercera edad presenta retos psicológicos y emocionales específicos, como la pérdida de roles sociales significativos, duelos por la partida de seres queridos, y una disminución de la salud física que puede afectar la autonomía.
A esto se suma el aislamiento social no deseado y la lucha contra estereotipos internalizados, como la discriminación por edad, que perjudica la autoestima y aumenta el riesgo de depresión y deterioro cognitivo.
A propósito, en el programa Rumbos, la psicóloga Betty Hernández Becerra abordó el tema “Retos y horizontes en la tercera edad” y ofreció una visión integral para la comprensión de la vejez como una etapa vital con oportunidades de crecimiento.

La experta explicó que desde el punto de vista cognitivo, el envejecimiento conlleva cambios normales. La sabiduría práctica, el vocabulario y el juicio acumulado se mantienen e incluso pueden mejorar.
Por otro lado, la inteligencia fluida (la velocidad para procesar información o resolver problemas novedosos) suele disminuir de forma gradual, aseguró Hernández. Es común experimentar un leve enlentecimiento del pensamiento y cierta dificultad para recordar detalles recientes, lo cual no compromete la autonomía.
La psicóloga destacó que existe una clara distinción entre estos cambios y un deterioro patológico como la demencia, donde ocurre una pérdida de las habilidades complejas, desorientación en lugares conocidos y falta de conciencia respecto a olvidos cotidianos.
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Resaltó que los retos emocionales más profundos giran en torno a la reconstrucción de la identidad y el propósito vital. La pérdida de roles activos genera una crisis de sentido que lleva a la pregunta “¿para qué sirvo?”.
Para ello, recomendó aceptar la dependencia progresiva y manejar el dolor crónico para una mejor autoestima. Además, señaló que el aislamiento, derivado de limitaciones sensoriales o de movilidad, se convierte en un factor de riesgo importante.
La experta enfatizó que la clave está en transformar estos retos en oportunidades mediante la búsqueda de nuevos significados y, sobre todo, el apoyo familiar y social que valide y acompañe.

Expresó que el edadismo o discriminación por edad es un prejuicio social normalizado con consecuencias graves. Quienes tienen una percepción negativa de su propio envejecimiento presentan mayor riesgo de depresión, enfermedades cardiovasculares y una recuperación más lenta.
Una mirada comprensiva y activa ayuda a promover la intergeneracionalidad, garantizar que los adultos mayores posean un acceso adecuado a servicios de salud, y valorar las contribuciones continuas dentro de la sociedad.
Para profundizar en el tema, lo invitamos a escuchar el audio completo con la psicóloga Betty Hernández Becerra en el programa Rumbos:


