Marco Antonio Muñiz, un ídolo de la música mexicana

Comentario especializado de la musicóloga Doris Céspedes Lobo en el programa Música Es.

Marco Antonio Muñiz. Un ídolo de la música mexicana.
Imagen tomada de Internet.

La figura del cantante mexicano Marco Antonio Muñiz no ha sido valorada lo suficiente por parte de la crítica y la industria, a pesar de contar con una carrera de más de siete décadas y una amplia obra recogida en discografía de diferentes formatos y grabaciones registradas en los medios de difusión de países del área.

Una de las causas de este relativo distanciamiento de amplios niveles de popularidad, puede estar relacionado con una línea estilística dirigida esencialmente a la canción romántica en sus diversas tipologías, o a las nuevas formas de difusión musical, predominantes desde hace más de tres décadas, que no han contado con una participación activa de la obra del artista.

La carrera de Marco Antonio Muñiz es resultante, en principio, de una época en la que destacan importantes voces, auspiciadas por los medios de difusión mexicanos y principalmente la industria cinematográfica de ese país, que desempeñó un importante papel en el lanzamiento de figuras como Jorge Negrete y Pedro Infante, entre otros muchos. Pero también hay que valorar su formación musical, en buena medida autodidacta, que partió de la participación en agrupaciones corales eclesiástica de su región, que le permitieron alcanzar la necesaria independencia para lograr el efectivo trabajo a voces y el dominio de una técnica vocal acorde al resultado colectivo; lo que fue determinante para un segundo momento de su evolución en la manifestación.

Un momento crucial en los inicios de la carrera musical de Muñiz, fue sin dudas, la integración a los tríos Los Diamantes y Culiacán, este último devenido en Los tres Ases, luego que un productor discográfico decidiera asumir la grabación y lanzamiento de su primer fonograma. Su labor en los pequeños formatos, se favoreció con la particularidad tímbrica de su voz de barítono, que empastaba adecuadamente con las restantes, asumiendo las segundas o terceras líneas melódicas en el colectivo.

Su deseo de alcanzar lugares cimeros en la industria musical, estimularon su incursión en los circuitos capitalinos, de difícil acceso en la década del sesenta por la amplia presencia de figuras reconocidas o en ascenso. En ese contexto, entra en contacto con Libertad Lamarque y Benny Moré, dos figuras que de cierto modo influirían en la amplia concepción autoral de su repertorio, favoreciendo su vínculo con las músicas caribeñas y latinoamericanas de manera general.

La carrera como solista de Marco Antonio Muñiz, iniciada a comienzos de los años 60, recibió una buena acogida por parte del público y una parte de la crítica, incluyendo numerosas presentaciones o giras en escenarios del continente, de Los Estados Unidos y Europa, principalmente en España. Aunque las actuaciones de Muñiz, a lo largo de su carrera, han sido esencialmente en salas de medianas dimensiones, en muchos casos para públicos selectos, su legado ha quedado recogido en numerosas grabaciones en solitario y como parte del trío Los tres Ases; así como en algunos filmes mexicanos, en los que ha puesto en evidencia su histrionismo y sus cualidades musicales, al asumir personajes musicales.

Marco Antonio Muñiz formó parte del trío Los Tres Ases, donde asumía las segundas o terceras líneas melódicas en el colectivo.

Las grabaciones fonográficas y los registros que existen en la radio y la televisión internacional, principalmente en su país de origen, Puerto Rico y Venezuela, se constituyen en el principal legado del nonagenario intérprete mexicano, que ha sido reconocido por sus cualidades vocales, elegancia y sobrio desempeño en escena; así como por la particular expresión al ofrecer las versiones de diferentes tipologías de boleros y canciones.

Para imponerse en el mercado musical de su época, Muñiz tuvo que enfrentar rivalidades y obstáculos que limitaron su presencia en los estudios de grabación y la realización de su obra; al tener que plegarse a la inclusión de temas grabados anteriormente por otras figuras reconocidas. No obstante, puede hablarse de un catálogo fonográfico que incluye varios álbumes compilatorios de éxitos, discos de autor, donde recrea la obra de compositores importantes como Gonzalo Curiel y Gabriel Ruíz; así como fonogramas para rendir tributo a grandes intérpretes  mexicanos como Pedro Infante o José Alfredo Jiménez.

La presencia de Puerto Rico se patentó en la carrera de Marco Antonio Muñiz, no solo por su presencia en sus escenarios; sino por la inclusión de temas reconocidos de autores puertorriqueños como Capullito de Alelí o la realización de un disco dedicado exclusivamente a ese país en el que destaca la obra Lamento Borincano, presente en su repertorio.

Destaca también en su carrera, el vínculo con Venezuela, donde realizó numerosas grabaciones con diferentes formatos acompañantes y contando con la colaboración efectiva de Juan Vicente Torrealba. De la permanencia de Marco Antonio Muñiz en Venezuela, resultó un álbum de música romántica y tradicional de ese país. En los años siguientes, el artista alternaría sus grabaciones destinadas al mercado latinoamericano con producciones para el público venezolano. Desafortunadamente, ninguno de estos álbumes fue digitalizado y sólo se editó una compilación de estos temas en 1998 bajo el título «Marco Antonio Muñiz: Grandes Éxitos cantándole a Venezuela».

Una curiosidad en el catálogo discográfico de Marco Antonio Muñiz es sin dudas el disco Salsa a la manera de Marco Antonio, donde refiere una incursión a la llamada música tropical, probablemente como intento de insertarse en las tendencias musicales de la industria, que de ninguna manera podrían superar su desempeño en el bolero y la canción romántica de manera general y Por amor a mis canciones, una de sus últimas producciones, que incluye una selección de sus principales éxitos.

Para patentizar el legado de Marco Antonio Muñiz, se cuenta con los registros de su inconfundible y bien timbrada voz; así como la elegancia de una histórica presencia en los escenarios; pero principalmente, el respeto a una línea estilística que exige no solo de cualidades vocales; sino de una gran sensibilidad para transmitir el mensaje del texto y hacer suya las historias que cuentan los boleros de su repertorio.

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