Jorge Pedro Marrero Paulín pertenece al grupo de los que han llegado a la radio por puro atrevimiento. Su acercamiento al medio comenzó como corresponsal en el programa juvenil Sígueme, después de que él mismo fuera a conversar con José Cabrera Torres, grabador de la emisora, sobre su interés de sumarse al equipo.

Poco después, al salir de una de las cabinas, la vida le puso frente a Remberto Rico, a quien considera su segundo padre artístico, después de Cabrera, quien lo descubrió. En el diálogo con Remberto, surgió la posibilidad de unirse al colectivo del programa Giros, actuando en pequeñas escenas dramatizadas. Confiesa que aquellos primeros pasos profesionales fueron una gran escuela.
Bien recuerda la primera vez que asumió la locución de Sígueme. Luis Hidalgo Ramos, el titular del espacio, se ausentó y, con más entusiasmo que técnica, Jorge Pedro pidió sustituirlo. Para su dicha, cuando finalmente comenzó el curso de locución, sus profesores ya eran sus compañeros de trabajo: los premios nacionales de Radio Elina Pelegrí y Jesús Benítez Rubio.
A propósito, cuenta que la primera vez que le tocó compartir micrófonos con la maestra Elina fue en un noticiero, de forma inesperada. Ante una voz tan autorizada e identitaria como la de ella, confiesa que su voz y manos temblaban, delatando sus nervios. Pero, hubo un momento en que la experimentada artista le agarró la mano y le dijo: «Todo te va a salir bien». Esa frase fue como una inyección de ánimo que nunca ha olvidado.
En el ejercicio cotidiano, Jorge Pedro ha encontrado una gran empatía profesional con Claribel Cabrera Acosta, aunque habla con respeto de todos los locutores con quienes ha trabajado.
Entre las voces que marcaron su vida está, sin duda, el doctor y locutor Roger Rodríguez Galá. Jorge no olvida la difícil coyuntura de hacer el último programa de Hablemos, tras su fallecimiento, porque fue un espacio que escuchó en su infancia junto a su madre, convirtiéndose en un referente sentimental y profesional.
Asimismo, asegura que la primera vez que entró al estudio de grabación del Cuadro Dramático, quedó «enamorado perdidamente» de la actuación. Le fascinó ver a los actores desdoblarse en cada personaje y la magia de los efectos y los sonidos.
Tuvo la oportunidad de realizar el curso de actuación con Aurora Martínez, quien le enseñó a darle peso a cada palabra. Más tarde, figuras como Isora Llanes, Jesús Padrón Palacio, Ada Morejón y Humberto Arencibia Ruiz se convirtieron en una escuela silenciosa pero fundamental, referentes que sin dar clases formales, moldearon su formación con solo verlos en el estudio.
Su primer personaje oficial fue Andy, un papel que le trajo incontables visitas de muchachas que querían conocer al joven de la radio. De cada experiencia actoral, y de llevarse a casa tantas vivencias artísticas en el estudio, nació el escritor que también es, afirma. Sobre ese rol comenta que la retroalimentación con sus compañeros es imprescindible para su proceso creativo: son ellos quienes leen sus guiones y les ponen voz después.
Más allá del micrófono y la escritura, Jorge encontró otro gran amor escurridizo: el sonido. Agradece a Silverio Aragón, quien le enseñó a musicalizar y a llenar de sonidos sus historias; aunque solo ha desarrollado la realización de sonidos en una ocasión, fue para la obra Gusano Mariposa, trabajo que obtuvo un premio en un festival.
Para Jorge Pedro Marrero, el cariño de los oyentes es el pilar que lo sostiene. “A pesar de cualquier premio institucional, el del público es el más importante», afirma con gratitud. Ese afecto le ha permitido continuar haciendo lo que hace, siempre con alegría.
Hoy, no concibe su existencia fuera de la radio. «Ha sido más de la mitad de mi vida, la radio me ha dado vida», sentencia.
A los que comienzan en el medio, les recomienda una sola virtud: humildad.
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