Gitana tropical, el rostro de la pintura cubana

Reseña de la realizadora radial e historiadora del arte, Yemile Crespo Barrios, en la revista cultural Estamos Contigo.

La pintura cubana ha dejado un invaluable repertorio de obras que forman parte de nuestro tesoro cultural. Una de las piezas más emblemáticas es Gitana tropical, pintada en 1929 por Víctor Manuel García. Este óleo sobre madera, de dimensiones relativamente pequeñas, pues mide 46,5 por 38 centímetros, se ha convertido en un verdadero ícono de la plástica nacional, al punto de ser llamado “el rostro de la pintura cubana”. 

La obra fue realizada durante el segundo viaje del artista a París, en un momento en que la pintura cubana buscaba renovarse y dialogar con las corrientes modernas. En ella confluyen influencias de Gauguin, Cézanne, Modigliani y los primitivos italianos, pero Víctor Manuel logra un lenguaje propio, profundamente americano. El propio pintor confesó que la figura representada es una mestiza, una mulata, a la que dotó de ojos rasgados inspirados en las indígenas del Perú y México. 

Gitana tropical, el rostro de la pintura cubana.
Victor Manuel García, Gitana tropical, 1929/ Imagen tomada del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba.

El retrato muestra un rostro sereno, de mirada fija y penetrante, enmarcado por un fondo tropical que sugiere la exuberancia del Caribe. No es un retrato realista, sino una síntesis poética: la mujer encarna la mezcla de culturas que define a Cuba, y al mismo tiempo transmite una sensación de misterio y universalidad. Los colores vivos y luminosos refuerzan esa atmósfera, convirtiendo la obra en un puente entre lo local y lo cosmopolita. 

En el contexto de la llamada “Vanguardia cubana”, la Gitana tropical representó una ruptura con los cánones académicos de la época. Víctor Manuel, formado en la Academia de San Alejandro, se apropió de los modelos tradicionales para buscar una visualidad que expresara la identidad nacional. Su pintura fue, como se ha dicho, un “servicio de sacudida y fundación” en el arte moderno cubano. 

Hoy, la obra se conserva en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, donde sigue convocando a generaciones de espectadores. Más que un retrato, es un símbolo. La imagen de una Cuba mestiza, tropical y moderna, que se abre al mundo sin perder sus raíces.  No por gusto es considerada la obra cumbre del modernismo pictórico cubano, un retrato que sintetiza la búsqueda de identidad nacional en diálogo con las vanguardias europeas. 

Si desea conocer más sobre esta pintura y los mitos que circulan en tono a ella, escuche el audio completo del programa Estamos Contigo:

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