El Mozambique, un intergénero peculiar

En el programa Música Es, la especialista Doris Céspedes Lobo comentó sobre el Mozambique, un ritmo que nace de la fusión de varios elementos musicales de nuestra cultura

La década de los años 60 en nuestra música popular estuvo caracterizada por un amplio proceso de experimentación en el sentido de asimilación de influencias foráneas y su mezcla con géneros tradicionales que habían quedado excluidos a una práctica aislada por parte de algunos portadores. Varios fueron los “ritmos” que vieron la luz como resultado de este proceso, pudieran mencionarse al Pilón, el Pacá, y por supuesto el Mozambique, que se cuenta entre los más acogidos por los bailadores e intérpretes.

El Mozambique es un intergénero resultante de la fusión de varios elementos musicales relacionados con las raíces de nuestra cultura, con una intensión netamente bailable y de carácter profano. Este ritmo, como también se le cataloga, se define por la necesidad de recurrir a expresiones puramente cubanas, debido al contexto socio cultural imperante en este período y a la ruptura de los intercambios culturales con otras prácticas foráneas.

En su conformación Pedro Izquierdo, conocido en el ambiente musical como Pello el Afrokán, mezcla algunas combinaciones rítmicas de la conga y otras expresiones afrocubanas, vinculadas esencialmente con las prácticas abakuá, con las que el artista estaba relacionado y algunos toques y cantos iyesá, según se ha reconocido en la bibliografía. La rumba también se incluye entre las influencias melódico rítmicas que definieron el intergénero, componente que incidió notablemente en el baile, que según su creador, trata de recrear el modo de caminar del cubano, pero se inclina al juego amoroso por parejas sueltas como puede aparecer en algunas variantes rumberas.

El Mozambique, un intergénero peculiar.
Pello el Afrokán/ Imagen tomada de Fotos de La Habana.

El análisis del formato original empleado en la ejecución del Mozambique, nos muestra también el resultado de complejos procesos transculturales y de síntesis de culturas musicales, pues consta de un número importante de percusivos, entre los que se cuentan de seis a nueve tambores, que generalmente son tumbadoras, dos o más cencerros, bombos, sartenes y una cuerda de instrumentos de viento metal que abarca trombones y trompetas principalmente.

La cantidad y función de los tambores, pudiera estar determinada por la referida influencia abakuá, en las que se emplea una marcha de desplazamiento acompañada de cuatro tambores; sin embargo, en las prácticas originarias de este culto no rebasan el número de cuatro y su morfología difiere de las tumbadoras, aunque puede estar relacionada con la desacralización de esta expresión. Destaca además que su definidor, es decir Pello el Afrokán, realiza muchos de los pasajes improvisatorios en las secciones más graves del parche, algo que se corresponde con la regularidad de los toques afrocubanos.

En el aspecto organológico, hay que destacar además la inclusión en la orquesta de percusivos unos bombos pequeños como los que se emplean en las comparsas, principalmente las habaneras, con las que se asemeja también la polirritmia que forman los dos o tres cencerros y sartenes

Aunque la rumba en algunos de sus conjuntos llegó a incluir instrumentos aerófonos de metal, no creo que este tipo de agrupación pudiera haber definido su presencia en los grupos ejecutantes del Mozambique; es más probable que esta formación esté determinada por la estructura de las congas occidentales, en las cuales los pasajes improvisatorios están a cargo de un grupo de medios sonoros incluidos en la llamada familia de viento metal.

Cantar con feeling en Pinar del Río

El Mozambique, un ritmo o intergénero definido por Pello el Afrokán, captó la atención de los bailadores y del público en general, por la fuerza sonora de la percusión en el formato orquestal y la concepción escénica del producto musical ofrecido por este artista en sus presentaciones en vivo, o en los medios de difusión. Este espectáculo, coloca al conguero o percusionista, en este caso tumbadores, en el centro de atención, no solo por su desempeño improvisatorio; sino por la ubicación en el espacio, situados por delante de los cantantes.

La riqueza rítmica del Mozambique es el resultado de las vivencias del músico que lo da a conocer, quien se desarrolló en un barrio rico en tradiciones rumberas y congueras, que le permitieron al ejecutante y autor, experimentar estas prácticas entre portadores directos de una música con fuerte presencia de componentes africanos,

La popularidad del Mozambique se vincula además con su habitual presencia en los medios de difusión, principalmente en la televisión durante el primer lustro posterior a su concreción, tal vez por el empleo de textos relacionados con la vida cotidiana, expuestos con un lenguaje cercano al cubano común. Sin embargo el impacto de otros géneros y la apertura a otras influencias foráneas, reduce su popularidad en el territorio nacional. No obstante, resaltan sus presentaciones en importantes escenarios concertantes como el Carnegie Hall de New York y otras plazas europeas.

Piezas antológicas como Mozambique, Qué es esto que llega, Nace en Cuba el Mozambique y María Caracoles, se han visto reflejadas en la discografía y en el quehacer de muchos intérpretes nacionales e internacionales; destaca en este sentido la versión realizada por Eddy Palmieri de esta última obra. Los cultores del feeling, como en el caso del binomio Piloto y Vera emplearon en intergénero para la recreación de algunas de sus composiciones como Qué es esto que llega; por su parte, Ricardo Díaz suscribió Mozambique en carnaval y El santo del encargado. Frank Domínguez, compuso Coja el paso. Además, Pello incorporó también ciertas versiones de temas muy conocidos, como el bolero Herido de sombras, de Pedro Vega, que poco antes había estrenado y “pegado” el cuarteto Los Zafiros; y un clásico mundial de todos los tiempos: St. Louis Blues.

A pesar de sus similitudes desde el punto de vista técnico musical, con los componentes que le influyeron, principalmente la conga, la definición del Mozambique, marcó una época importante en la evolución de la música popular bailable en nuestro país. Sin grandes pretensiones innovadoras, impactó favorablemente en la aceptación del público, gracias a su proyección escénica y la fuerza sonora de la percusión y los metales.

El Mozambique, un intergénero peculiar.
Pello El Afrokán (al frente) y su grupo durante una presentación/ Foto tomada del perfil en Facebook de Pellito el Afrokán Jr

Por: Doris Céspedes Lobo

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