El mambo, intergénero cubano de impacto internacional

En el programa Música Es, la especialista Doris Céspedes Lobo repasó detalles relevantes de su historia.

El mambo, intergénero cubano de impacto internacional.
Imagen tomada de Internet

Mucho se ha discutido acerca de los orígenes del mambo, un género de salón que causó sensación entre los bailadores cubanos y extranjeros desde la década de los cincuenta en el siglo pasado por el característico ritmo sincopado y la atractiva coreografía de su baile, que sigue teniendo cierta aceptación, con una lógica actualización de los medios expresivos.

Existe la tendencia a considerar la creación del mambo, a partir del danzón de igual nombre concebido por Orestes López en la década del 30, al que siguieron otras piezas similares con la colaboración de su hermano Israel López, mientras integraban la nómina de Arcaño y sus maravillas. Fue en esta agrupación donde se concretaron algunas células rítmicas que pasarían a formar parte del intergénero, en el que se fusionarían elementos de las manifestaciones cubanas de origen africano y del son; además de ciertas influencias foráneas que acaparaban la atención de músicos y bailadores.

El género, resultante de las mencionadas fusiones se gestó en formatos concebidos para el baile, con sonoridades discretas como las charangas; sin embargo, su mayor popularidad la alcanzó en México, donde Dámaso Pérez Prado cambiaría su estructura, incorporando voces al unísono, complejizando los pasos de baile y definiendo la jazz band como tipo de agrupación estándar para su interpretación.

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Dámaso Pérez Prado, «El Rey del Mambo», nació el 11 de diciembre de 1916 en Matanzas, Cuba/ Imagen tomada de Internet.

Muy fuerte ha sido desde entonces la polémica de la creación del mambo, que tuviera como precedente al danzón de igual nombre concebido por Orestes López en los salones de baile cubanos; momento en que la fiebre innovadora estaba prendiendo entre los principales directores o ejecutantes de las agrupaciones capitalinas. Sin embargo, ha sido mayoritariamente aceptada la hipótesis de las aportaciones sustanciales introducidas por Pérez Prado al género desde el punto de vista tímbrico, estructural, rítmico y armónico.

Ha podido demostrarse, que a pesar de beber en las fuentes de Arcaño, Arsenio y otros músicos reconocidos por sus aportes rítmicos a diversas expresiones populares, el “chaparrito con cara de foca” como le llamara Benny Moré” fue capaz de concretar las armonías y el tratamiento tímbrico del jazz, la rítmica rumbera asignada a otras secciones de la orquesta, principalmente los metales y el tumbao del son, con su característico sincopado abordado en el tres; para conformar este intergénero que ha regalado al mundo obras inmortales como “Mambo No 5” o “Rico mambo”, que no fueron las primeras grabadas por él, pero sí las más conocidas; dando lugar también a la concepción de obras literarias y hasta de una película donde participaran varias estrellas del mundo latino.

Una vez que el mambo ganó terreno en la música internacional, regresó a nuestro país en la voz de Benny Moré, uno de nuestros más grandes intérpretes, quien además de grabar algunos sencillos con la propia orquesta de Pérez Prado, hizo suyo el género para crear sus propios mambos con una elevada dosis de elementos soneros y un tratamiento tímbrico que acentúa el carácter. De su creación surgen piezas más lentas y cadenciosas como “Bonito y sabroso” donde incluso el texto, pone de manifiesto la interacción constante con los sonidos y la ritmática autóctona.

El mambo, intergénero cubano de impacto internacional.
Imagen tomada de Internet.

El lanzamiento discográfico del mambo y su llegada a los Estados Unidos, abrió el camino para una extensa y trascendente incursión en el cine, que garantizó su perdurabilidad, al punto de incluirse como uno de los géneros básicos de las más renombradas escuelas de bailes de salón en todo el mundo

Han sido muchas las agrupaciones y creadores que han hecho suyo el mambo, en versiones antológicas o con piezas que parten de los patrones rítmicos básicos del mismo, dentro y fuera de Cuba, llegando, en algunos casos, a teatralizarlos a punto de desvirtuar sus esencias como sucede en el mambo incluido en la obra del teatro musical norteamericano West Side Story.

Además de Dámaso Pérez Prado, a quien se le atribuye el hecho de definir el modelo más conocido del género y Benny Moré, que lo acercó, desde otra perspectiva a nuestras raíces musicales, casi todos los conjuntos y jazz band de los años 40 y 50 mantuvieron el mambo en su repertorio y actualmente algunos solistas y agrupaciones muestran un interés por este ritmo

Los componentes jazzísticos que aportaron elementos en la formación del mambo como intergénero musical, favorecieron su introducción en el lógico proceso del latin jazz y otras de sus variantes. Desde la tímbrica de una big band y manteniendo el tumbao en el piano y la fuerza de la percusión, figuras trascendentes del jazz abordaron el mambo, con una fuerza improvisatoria en el teclado y los metales; pudiera mencionarse el tema Paris mambo a cargo de Tito Puente y Eddy Palmieri, o el Lolas’mambo del compositor y trompetista estadounidense Chris Botti.

En la misma línea creativa, los pianistas y compositores cubanos Chucho Valdés y Gonzalo Rubalcaba, han abordado el género adaptándolo a las posibilidades tímbricas y expresivas del instrumento de teclado, aportando un catálogo en el que destacan piezas como el Mambo Influenciado de Chucho, versionado y asentado como un clásico del latin jazz a nivel internacional..

Más cercano a los elementos soneros, salseros o timberos, han abordado el mambo, con mayor o menor apego a los patrones tradicionales, algunos destacados intérpretes y compositores, llegando en algunos casos a conformar producciones discográficas completas, dedicadas al género como el fonograma Mamborama, una producción cubano- norteamericana, que pretende mostrar una línea, en la que el jazz y la timba, asumen el protagonismo. El disco es una muestra de la ductibilidad de un género o intergénero, que ha dejado de considerarse solamente cubano, para integrarse a otros ritmos y expresiones musicales a escala internacional.

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