El retraso del lenguaje afecta la capacidad del infante para alcanzar los hitos comunicativos esperados para su edad. Influye en su forma de hablar, su comprensión del mundo y su intención comunicativa.
Lejos de ser simplemente «hablar tarde», esta condición enciende alarmas sobre el desarrollo cognitivo y la inserción social del pequeño, ya que un niño que no logra expresar sus deseos o comprender órdenes simples ve limitada su interacción con el entorno.

Para profundizar en este tema, la psicóloga y Doctora en Ciencias Betty Hernández Becerra compareció en su sección habitual del programa Rumbos. La especialista abordó con claridad las señales de alerta, las causas y las estrategias clave para identificar y estimular el lenguaje en los más pequeños.
La doctora Hernández explicó que la preocupación debe surgir alrededor de los 18 a 24 meses de edad, si el niño no dice palabras sueltas con significado como «mamá» o «agua», o no cumple órdenes simples. Otra alarma fundamental ocurre a los 3 años, cuando el lenguaje del pequeño debería ser comprensible para personas fuera del círculo familiar; si no forma frases de al menos tres palabras o no entiende preguntas básicas, es momento de actuar.
¿Causas?
En cuanto a las causas, Hernández Becerra resaltó que son multifactoriales y se dividen en primarias y secundarias. Entre las primarias se incluye una maduración cerebral más lenta, sin otra condición diagnosticada. Mientras que, en las secundarias, destacan los problemas de audición -que deben descartarse siempre primero- y los trastornos del neurodesarrollo como el trastorno del espectro autista (TEA).
Sin embargo, la experta puso un énfasis especial en los factores ambientales. La interacción con otros seres humanos es indispensable para que el lenguaje se desarrolle, dijo.
También subrayó que la estimulación lingüística escasa o pasiva (como la que ofrece una pantalla) no reemplaza el diálogo afectivo y la comunicación intencional con un adulto.

¿Cómo actuar?
La familia se convierte en el principal agente de estimulación del lenguaje, reconoció la especialista, quien además ofreció consejos prácticos y sencillos para el día a día:
- Hablar despacio, claro y con un lenguaje correcto, evitando el «lenguaje de bebé» deformado.
- Actuar como un «comentarista» de la rutina diaria, narrando las acciones («vamos a bañarnos, mira el agua caliente, esta es la esponja») para enriquecer el vocabulario.
- Ser pacientes para esperar las respuestas del niño sin presionarlo.
- Aplicar la técnica de «expandir» lo que el niño dice: si el pequeño dice «carro», el adulto debe responder con una frase como «sí, un carro rojo y grande».
El objetivo es fomentar las ganas de comunicarse por encima de la corrección constante, lo que se logra, en muchas ocasiones, en medio de actividades lúdicas.
El lenguaje es la puerta de entrada al pensamiento, la socialización y la inserción en el mundo. Diagnosticar a tiempo un retraso en el lenguaje es vital para el niño, pues una intervención temprana, tanto de los especialistas (pediatras, logopedas y psicólogos), como de la familia, puede ofrecer pronósticos muy favorables.
Muchos niños superan estas dificultades y aquellos con causas neurológicas más complejas, también pueden experimentar mejorías significativas que transforman su calidad de vida y la dinámica familiar.
Si desea conocer todos los detalles, escuche el audio completo del programa Rumbos con la psicóloga sicóloga Betty Hernández Becerra:
Le puede interesar:
¿Conflicto o agresión? Pasos para mediar en una pelea de niños (+Audio)


