Los conflictos entre niños son un fenómeno natural e inevitable en su desarrollo. Lejos de ser siempre negativos, estos desacuerdos, cuando se manejan adecuadamente, actúan como catalizadores para el crecimiento psicosocial, cognitivo y moral.
A través de ellos, los niños aprenden a considerar perspectivas ajenas, negociar intereses, manejar la frustración y definir sus propios límites e identidad, habilidades fundamentales para la vida adulta.

En la sección de psicología del programa Rumbos, la Doctora en Ciencias Betty Hernández Becerra abordó este tema bajo el título «Conflictos entre niños, propuestas de resolución». La especialista brindó una guía práctica para entender y mediar en estas situaciones comunes, diferenciándolas de actos de agresión y destacando el rol crucial de los adultos como facilitadores.
Betty Hernández explicó que la principal diferencia entre un conflicto y una agresión radica en la intención. Un conflicto surge de intereses o necesidades opuestas (como querer el mismo juguete o rol en un juego), pero sin el propósito de causar daño. En cambio, la agresión es una conducta intencional para lastimar física o psicológicamente.
Distinguirlos es crucial, aseguró la experta. Tratar un conflicto como agresión puede llevar a etiquetar erróneamente a un niño como «malo», lo que afecta su autoimagen. Mientras que pasar por alto una agresión real impide trabajar en la regulación emocional y la empatía del menor.
Para mediar exitosamente en un conflicto, la especialista propuso un proceso claro. Primero, calmar a los niños, separándolos y ayudándoles a respirar para bajar la activación fisiológica, validando sus emociones. Luego, escuchar activamente a cada parte sin interrupciones, parafrasear sus versiones y ayudarlos a entender los distintos sentimientos involucrados.

Resaltó que es clave enfocarse en el problema a resolver, no en buscar culpables. El paso siguiente es invitar a los niños a generar soluciones mediante una lluvia de ideas, fomentando que sean ellos quienes propongan el acuerdo justo. Finalmente, se debe dar seguimiento, preguntando más tarde cómo les fue con la solución elegida.
Entre las estrategias para fomentar la autorregulación y resolución autónoma, la psicóloga destacó enseñar un vocabulario emocional para que los niños expresen lo que sienten con palabras; utilizar juegos de roles para practicar soluciones; crear «rincones de calma» donde el niño pueda tranquilizarse; y reforzar positivamente cualquier intento de resolver desacuerdos sin agresión.
La especialista reconoció que estas distinciones y herramientas son de vital importancia para padres, educadores y la comunidad en general. Permite transformar los inevitables conflictos infantiles en oportunidades de aprendizaje y evitar que escalen a confrontaciones entre adultos o que generen etiquetas dañinas.
Una mediación adecuada permite que los niños creen habilidades sociales y emocionales para la vida, al tiempo que construye, desde la infancia, los cimientos de una vida de paz y diálogo.
Lo invitamos a escuchar el audio completo del programa Rumbos para profundizar en los detalles del tema con la psicóloga Betty Hernández Becerra:
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