La personalidad se construye a lo largo de la vida a partir de características que se van formando y modificando según las vivencias, el entorno y las ideas de cada persona. Es un patrón profundo y estable de pensamientos, emociones y comportamientos que nos distinguen.
En la vejez, se manifiesta como el resultado acumulado de toda una vida. Aunque no cambia totalmente, puede ajustarse con el tiempo, especialmente cuando se aprenden a manejar aspectos no dominados en etapas anteriores.
Precisamente sobre la personalidad en la tercera edad, conversó la especialista en Geriatría y Gerontología, Nora María Lemus Fajardo, en el programa Rumbos. La doctora abordó los desafíos que representa tanto para los adultos mayores como para sus familias.

Adaptados versus inadaptados
La experta describió dos grandes grupos de personalidad: los adaptados al envejecimiento, que viven esta etapa de manera satisfactoria; y los inadaptados, que sufren más los cambios.
Dentro de estos últimos existen perfiles específicos:
- El contradictorio: es el que oscila entre querer compañía y sentirse agobiado por ella.
- El perfil tóxicofílico: que busca constantemente atención médica y medicamentos.
- El ansioso: con miedo permanente a enfermar.
- El confuso: que ocasionalmente confunde eventos o inventa historias.
- El regresivo: es el que se aísla y pierde interés social.
La doctora Lemus advirtió que un cambio repentino en la personalidad del anciano no es normal en el envejecimiento saludable. Puede ser síntoma de un problema subyacente, como una enfermedad, maltrato o un estado confusional agudo.
A diferencia de las demencias, que avanzan lentamente, los cambios bruscos deben investigarse, ya que pueden indicar una condición que requiere atención médica.
Consejos para la convivencia y el cuidado
La especialista aconsejó que la clave para manejar a un adulto mayor con personalidad difícil es la preparación del cuidador: informarse sobre su personalidad y estado clínico, planificar el tiempo, solicitar ayuda y, sobre todo, practicar el respeto y la paciencia.
Resaltó que no se debe tratar al adulto mayor como a un niño, sino valorar su identidad e historia. La adaptación debe venir de los más jóvenes, entendiendo que la rigidez o las demandas son parte de una personalidad consolidada durante décadas.
Comprender los rasgos de personalidad en la vejez es esencial para mejorar la convivencia familiar y evitar conflictos. Muchas dificultades surgen de la incomprensión, etiquetando al adulto mayor como «complicado» cuando en realidad su conducta es coherente con su trayectoria vital.
Reconocer esto permite cuidar con empatía y recordar que todos envejeceremos y desearemos ser tratados con dignidad.
Para conocer más detalles, lo invitamos a escuchar el programa completo con la doctora Nora María Lemus Fajardo en el programa Rumbos. Encontrará ejemplos cotidianos y consejos prácticos sobre cómo acompañar esta etapa de la vida con respeto:
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