La adolescencia es una etapa de cambios donde las emociones pueden sentirse con una intensidad abrumadora, como una verdadera montaña rusa emocional. Esa inestabilidad es una consecuencia del desarrollo cerebral que ocurre durante ese período, lo que explica por qué los jóvenes viven sus sentimientos con tanta fuerza y, en ocasiones, con tanta confusión.
En el programa Rumbos, dedicamos un espacio a abordar el tema con la Licenciada Brenda Gálvez Álvarez, quien habló sobre cómo comprender y manejar esta intensidad emocional, un tema de gran relevancia para adolescentes, padres y educadores.

La Licenciada Gálvez detalló que el cerebro adolescente está en un período crucial de «remodelación», donde la amígdala procesa los estímulos sociales y emocionales con una intensidad cruda y sin filtrar.
Al mismo tiempo, el lóbulo prefrontal, que actúa como un freno racional y permite la planificación y el autocontrol, viene a alcanzar su completo desarrollado alrededor de los 25 años. Esta brecha entre ambos es la causa principal de que las emociones, a veces, se experimenten como un tsunami.
La psicóloga destacó la necesidad de aprender a expresar las emociones en lugar de reprimirlas.
Enfatizó además, que todas las emociones, incluso las incómodas, como la tristeza o la ira, tienen una función valiosa y transmiten mensajes sobre nuestras necesidades.
Estrategias como escribir un diario, hacer ejercicio, conversar con alguien de confianza o permitirse un momento de llanto liberador son formas saludables de evitar una explosión emocional.
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Por otro lado, la licenciada alertó sobre la importancia de distinguir entre una tristeza pasajera y una posible depresión.
La tristeza normal suele tener un detonante identificable (una decepción, una discusión) y su intensidad disminuye con el tiempo, permitiendo aún experimentar momentos de placer.
Por el contrario, la depresión se manifiesta como una tristeza o irritabilidad persistente y abrumadora sin un motivo claro, y se acompaña de síntomas como cambios en el sueño o apetito, fatiga crónica, pérdida de interés en actividades placenteras (anhedonia) y sentimientos de inutilidad.
Si estos síntomas perduran más de dos semanas, es imperativo buscar ayuda profesional, señala la especialista.
Comprender el comportamiento de nuestros adolescentes y sus emociones es el primer paso para lograr una mejor comunicación y aprender a manejar esa intensidad característica de la etapa. Reconocer que su cerebro está en plena construcción nos permite acompañarlos con paciencia y herramientas acertadas, guiándolos para que aprendan a gestionar ese torbellino emocional de forma sana.
No se pierda los consejos de la Licenciada Brenda Gálvez Álvarez y escuche el audio completo del programa Rumbos:



