
Cuando Julio Puente Mujica habla de la radio, no puede ocultar su pasión hacia un medio que —como él mismo sostiene— se salva mientras conserve su esencia: hacer soñar por el oído. «El día que se pierda, ya se perdió todo», advierte.
En 1969 inició, «prácticamente por casualidad», su relación con la radiodifusión pinareña. Entonces, la emisora provincial Radio Guamá necesitaba guionistas de programas dramatizados y él decidió asumir el reto.
«Yo pasaba por delante de la emisora —que en esos momentos tenía su sede en el edificio de la antigua CMAB— y en el portal estaba Pedro Calleja Rivera, el administrador, arrancándose los pelos de la cabeza. Pedro Viñas Alfonso, que tenía a su cargo los programas dramáticos, se había ido a trabajar para la revista Bohemia, en La Habana, y no tenía guionista».
«Con atrevimiento le dije a Calleja que, si me enseñaba un libreto, yo podía hacerle frente a eso, y él vio los cielos abiertos. No sabía en ese momento la magnitud del compromiso que estaba asumiendo, pero me gustó aquello, porque de muchacho era aficionado a escuchar las series de radio que se transmitían entonces. Y a partir de ahí comenzó mi vida en la radio».
¿Con qué programas inició su trabajo como guionista?
«Empecé escribiendo para un programa que se llamó Un cuento para ti. Con posterioridad hicimos un estudio, estaba la guerra de Vietnam en su apogeo y creé un espacio que se llamó Paralelo 17, que estuve escribiendo durante muchos años, hasta que me sustituyó Alberto Díaz Bomnín.
«Luego comenzamos -ya con más conocimiento y más posibilidades, porque la emisora tenía otra proyección desde el punto de vista dramatúrgico— a pensar en La novela pinareña, que se llamó así en sus inicios para tratar exclusivamente las problemáticas sociales de la provincia.
«Después, para darle más amplitud al espacio, modificamos el título y comenzó a llamarse La novela, y ya incluí obras de autores cubanos. La primera fue una de carácter bélico referida a la lucha del 26 de julio en tierras orientales, de William Gálvez, una novela muy bonita que fue la primera que se adaptó para la radio en Pinar del Río.
«Posteriormente escribí otros programas no dramatizados: el de la Aragón, De dos a tres, que salía los domingos en ese horario de la tarde; y Trabajadores del Mar. Con este espacio obtuve mi primer premio en un evento nacional de la Radio Cubana, que fue la primera selección anual de programas de radio donde fuimos premiados Jaime Almirall-Suárez, Humberto Rico Román y yo.
«Escribí varias secciones para una emisora que tuvimos aquí, que se llamó Radio Pinar Musical, que transmitía netamente música instrumental, pero que también tenía secciones interesantes para la población.
«También fui guionista, y hasta hace poco, del programa de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en la provincia. Estuve desde 2008, que fue el año de su creación, su primera salida al aire».
Usted está entre los radialistas de su generación más premiados en la provincia…
«No fue solo Trabajadores del Mar; hay también otros premios provinciales y nacionales. No tomen a mal esto, pero tengo la satisfacción de ser el segundo escritor más premiado de Radio Guamá en eventos nacionales y provinciales, detrás de Humberto Rico Román, que es el que más premios obtuvo…
«Alcancé premios nacionales como escritor y director de programas en novela cubana, novela cubana adaptada, cuentos y teatros nacionales. Por ejemplo, con Un lugar bajo el sol, con la adaptación de la novela de Cirilo Villaverde La peineta calada, y así varios espacios.

«Pero el éxito no es mío solamente, es también del equipo con el cual yo trabajaba. Estaban Juan José Rodríguez Morales (Kito), el musicalizador; Antonio Suárez Ramírez (Tony Suárez), el grabador; el gran Félix Lazo Acosta, el operador de efectos de estudio, y el cuadro dramático que colaboró conmigo extraordinariamente.
«Llegué a conocer profundamente las características de cada uno de sus integrantes; diseñaba el personaje para actores y actrices en específico. Yo también dirigía el espacio, sabía en qué cuerda se movía Isora Llanes, cuál era la de Aurora Martínez, la de Nersys Felipe, la de Jesús Padrón, la de todos ellos. Y fui adecuando las características de los personajes.
«Pero ya te digo, lo mejor de mi trabajo dentro de la radio fue haber conocido a todas esas excelentes personas que colaboraron conmigo y sin las cuales yo no hubiera alcanzado nada en la radio».
¿Cómo llegó a la dirección de programas radiales?
«Eso también fue una necesidad de la propia emisora cuando pasamos para los estudios nuevos en la calle Colón. Porque mientras estábamos en el estudio de la antigua CMAB, quien se ocupaba de la dirección de los programas dramatizados era Pedro Calleja Rivera, que venía con más experiencia de la radio capitalina.
«Nos convocaron a adquirir nuevos conocimientos en la dirección de programas. Asumí un curso que se impartió; después vinieron a evaluarnos José Antonio Rodríguez y Pedro Álvarez, que eran dos señores conocedores de la radio, artistas, directores, actores de sumo prestigio.
«Me satisfizo en aquel momento haber alcanzado el máximo de la puntuación, con lo cual ya asumí la responsabilidad de dirigir con más fervor, con más dedicación, y fue un impulso para alcanzar esos logros de los cuales ya hablamos».
¿Quién fue su principal referente en la radio?
«Esto es algo que se conoce menos. Yo soy pariente de Severino Puente, el actor de la radio y la televisión, un eminente director de programas también, y yo tuve en su casa una reunión con él allá en la calle O, en El Vedado.
«Conversamos mucho y mi referente artístico fue él. Lo que él había logrado con un personaje muy famoso que interpretó en la década de los años 1950: El guajiro de Pijirigua. Tan célebre se hizo que hasta lo hicieron hijo adoptivo del poblado de Pijirigua, en Artemisa. Así que imaginarás. Después hizo el famoso Jano Momo, en la serie televisiva del Corsario Negro».
De todos los momentos que ha vivido en la radio, ¿cuál destacaría?
«Uno de los más inolvidables es haber formado parte del equipo que decidió el nombre actual de la emisora Radio Guamá, junto a José Escobar Delgado, Reynaldo Buergo Ledesma, Pedro Calleja Rivera, Silvio Álvarez Pérez —que por aquel entonces era el director— y un grupo de personas que analizamos, detallamos y, por fin, tomamos la decisión sobre cómo se iba a llamar».
¿Cómo puede salvarse hoy la radio frente al avance de las nuevas tecnologías?
«Creo que la salvación de la radio está en la propia esencia de la radio: la radio te hace soñar por el oído. Mientras los realizadores radiales tengan la capacidad de hacer soñar a las personas por el oído, la radio está salvada. El día que se pierda esa capacidad, ya se perdió todo. Ya no será posible competir con los actuales medios de comunicación.
«Repito: mientras la radio haga soñar por el oído y los realizadores tengan eso presente, la radio se salva».
¿Qué significa Radio Guamá para Julio Puentes Mujica?
«Yo empecé en el año 69 y me jubilé hace unos años; prácticamente viví dentro de sus estudios.
«Estuve presente en muchos momentos decisivos de la radio en Pinar del Río, sobre todo en los años 70, con la zafra de los diez millones, cuando teníamos que mantener la emisora al aire y participar también en los cortes de caña en el central José Martí.
«Es un cúmulo de cosas, de experiencias, de vida. Le estoy muy agradecido por haberme permitido conocer a tanta gente valiosa, no solamente como técnicos y realizadores radiales, sino como personas ellas mismas.
«Porque hay muchos ejemplos de gente que ha hecho cosas admirables para la radio: los que se las ingeniaron para entrevistar a los mineros en lo más profundo de Minas de Matahambre e hicieron un programa desde ese lugar, o los que se subieron en helicóptero para transmitir desde allá arriba.
«Radio Guamá significa lo más hermoso que yo he vivido hasta el momento».


