La ciudad que nos cobija (+Fotos, +Audio)

Pinar del Río cuenta 159 años desde que le fuera concedido el título de ciudad por la reina Isabel II de España.

Con la discreción de una antigua dama, la ciudad observa su cotidianidad. A su mirada no escapan los pasos de sus hijos en el diario devenir. Tampoco los temores, los anhelos aplazados, los rencores, los olvidos, los desalientos.

Escruta los rostros con los que cada día se reciben las auroras y se despiden los ocasos. Gime ella en silencio cuando detiene la mirada en sitios marcados antaño por la higiene y la belleza.

Entiende entonces el pesar de los pasos, la incertidumbre que por momentos asoma y que, a pesar de todo, volvemos a sonreír.

Es ella testigo de amores y desamores. De encuentros y despedidas. De visitas de hombres que dejaron sus huellas en la historia y de quienes, aún imberbes, se inmolaron por la Patria.

Esta ciudad es cómplice del joven que tejió  en el pentagrama el romance de su vida. Se alía también a quienes, pincel en mano, saben  colorear lienzos para dejar en ellos las huellas de la naturaleza, sus luces, su furia.

Sin que sus hijos se percaten, alimenta el orgullo de ser cuna de grandes, de ver en el Olimpo a gigantes del deporte y de encauzar los pasos de aquellos que dieron renombre a la danza.

Se detiene allí en la ternura de los cuentos que la dulce mujer cuenta a los niños. También en el poeta que desnuda el alma.

El rigor de la vida lo asume con valentía y cual incólume guerrera, festeja su cumpleaños con el placer de dar cobija a esos hijos que abrazan la humildad, la dignidad y la laboriosidad.

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Alina Lopez Ochoa
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