Primero de Mayo en Pinar del Río: identidad al ritmo del pueblo (+Fotos)

Ningún desfile obrero en Cuba sería completo sin nuestras músicas y colores representativos.

El despertar del Primero de Mayo en la provincia de Pinar del Río tuvo a la música en el centro de sus dinámicas porque ningún desfile obrero en Cuba sería completo sin el latido de los géneros que se han  reconocido como Patrimonio Cultural de la Nación.

Foto: Dayam González

En la capital vueltabajera, trabajadores de varios sindicatos marcharon al ritmo del tres, las claves y las tumbadoras, hecho que tuvo réplicas a lo largo de la geografía municipal.

La rumba, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, brotó espontáneamente en los desfiles, con cajones y claves improvisadas que transformaron el asfalto en pistas de baile.

Y así la celebración del Primero de Mayo se convirtió en un mapa sonoro de cada territorio. El bolero, desde algunos estrados principales, se coló entre las pancartas; las comparsas se mezclaron con  el andar del pueblo, mientras el tumbao de las tambores y las trompetas nos recordaron que la música cubana es una sola: popular, bailadora y profundamente identitaria.

Fotos: Dayam González

Esos géneros entre los cuales también podemos mencionar el punto cubano y las controversias campesinas vibraron en cada municipio porque son el lenguaje natural de un pueblo que no concibe una celebración sin los ritmos propios.

Al encontrar en redes sociales tantas imágenes de pinareños portando instrumentos musicales o bailando ritmos nacionales, se comprende que la identidad cultural cubana estuvo en cada calle llevando el patrimonio como elemento que nos define.

Foto: Dayam González
Foto: Dayam González

Con ese sentir coincide la doctora en Ciencias Doris Castillo Garriga, especialista de patrimonio en la provincia,  quien apunta además que incluso la tradición de portar una bandera cubana -pequeña, mediana, o a gran escala- y vestir con sus colores, se puede considerar un hecho cultural.

«Camino al desfile vi mariachis cubanos con sus guitarras, personas con distintos instrumentos, y un bolerista pinareño que, si bien no entonó su canto entre la multitud, llevaba el bolero en el alma como un legado, muestras de nuestro patrimonio intangible», cuenta.

Foto: Dayam González
Foto: Dayam González

Sobre el hecho de que la marcha acontezca en las principales calles de cada localidad también reflexiona la experta: “El pueblo se entremezcla con edificaciones que han sido testigos callados de cada Primero de Mayo, y le es inevitable evocar las historias  de cada uno, sus usos actuales, las posibles decisiones, las aspiraciones para una mejor conservación y rehabilitación».

La doctora, desde la altura que le dan los años y la experiencia profesional sobre el patrimonio, concluye afirmando que entre todos los elementos y factores patrimoniales que guardan relación con la celebración:

«El país no tiene otro patrimonio más importante que el humano».

Así, el Primero de Mayo en Pinar del Río no fue solo una jornada de reivindicaciones laborales, sino una fiesta donde la memoria y la creación se dieron la mano. Cada comparsa, cada bolero a media voz y cada tambor improvisado reafirmaron que la cultura no es un adorno en la vida del pueblo cubano, sino su latido esencial.

Porque cuando las calles se llenan de banderas, ritmos y rostros diversos, lo que realmente desfila es la identidad, viva, sonora y colectiva. Y en ese desfile, como bien sentencia la doctora Castillo Garriga, el patrimonio más invaluable sigue siendo el pueblo mismo: su historia, su alegría y su resistencia.

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María Catalina Baños Relova
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