Con manos curtidas por el fuego y rostros marcados por el humo, en la localidad de Puerta de Golpe, en el municipio pinareño de Consolación del Sur, dos carboneros mantienen vivo un oficio ancestral. El lente del fotorreportero los sorprendió en plena faena.

Transformar la madera en carbón vegetal es una labor callada, de paciencia y horno encendido. La pira arde durante días, vigilada sabiamente y sin descanso: la pala, el sudor, la tierra removida y ese aroma a leña quemada que lo impregna todo.
Mientras alimentan el fuego, nuestros protagonistas bromean: «Este suelta 15 sacos», dice uno; «Con este llegamos a los 20», riposta el otro.
Ante la crisis electroenergética que enfrenta el país, crece la demanda del producto, única alternativa para la cocción de los alimentos en muchos hogares.
Hacer carbón no es solo un trabajo duro y necesario en estos tiempos; es también un acto de resistencia.




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