«La radio ha sido un refugio»

La experimentada actriz Yaquelín Torres suma más de tres décadas dedicadas a llevar emociones al público que la admira y la respeta.

Cuando uno escucha la voz de Yaquelín Torres en algún dramatizado de Radio Guamá, percibe que detrás de cada palabra hay oficio y entrega.

La experimentada actriz suma más de tres décadas dedicadas a llevar emociones al público que la admira y la respeta.

Su carrera  inició en 1992, cuando el actor y director Juan Barrizonte Blanco, al escucharla hablar, supo que aquella joven de 17 años tenía cualidades  para la actuación radial. Casi inconscientemente,  Yaquelín desde ese entonces comenzó a conformar un espacio propio en lo que hoy nombra como su segunda casa: el estudio, la emisora.

Su primer gran reto fue encarnar a una doctora en una novela junto al inolvidable Félix Hernández. Hasta la fecha, ha abrazado todos los géneros de la actuación radial; aunque confiesa que los policíacos  le permiten desarrollar con más plenitud esos personajes negativos que tanto disfruta.

Para ella,  la radio no entiende de diferencias entre lo grabado y lo que sucede en vivo. “Cada espacio tiene sus peculiaridades  -dice- y las disfruto. En el estudio, la intimidad. En público, la energía de la gente alrededor».

Alega que para dar vida a tantos personajes a lo largo de tantos años, aprendió  a apoyarse en la memoria emotiva, un recurso que la nutre de herramientas reales para no fingir ni una sola intención dramática.

«La actuación radial requiere rapidez y capacidad de adaptación»

También asegura que no todos los personajes son ficción, como aquella vez que le tocó interpretar a la hija de un personaje cuya trama reflejaba casi exactamente lo que su propia madre sufrió en vida. Allí, el arte y la realidad se le fundieron de una manera sorprendente.

Para Yaquelín Torres la radio  es “vida y familia”, que incluye a personas por las cuales guarda una gratitud especial como son: Nersys Felipe, Jesús Padrón, Víctor González, Isora Llanes, Aurora Martínez y Pando. De ellos aprendió que en el estudio se deja todo lo personal atrás y que los errores, cuando se comparten en colectivo, se vuelven anécdotas que hacen la vida más llevadera.

A los nuevos radialistas les aconseja tener sentido de pertenencia y amar lo que hacen. Y les  advierte además que hay que aprender a colocar la voz, “porque con ella hay que interpretarlo todo”.

Ella misma resume que la radio no es solo un trabajo: ha sido un refugio donde ha compartido tanto sus alegrías como sus tristezas más profundas.

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