La radio se transmite con el corazón

Los primeros acercamientos de Raúl Arce Calero al arte de la palabra surgieron de manera espontánea.

Los primeros acercamientos de Raúl Arce Calero al arte de la palabra surgieron de manera espontánea. Siendo profesor de Lengua Inglesa, solía animar en inglés las noches de gala, sin imaginar que aquello era un anticipo de su futuro profesional en la radio.

«la radio se escribe con sangre y se transmite con el corazón».

No fue hasta 1998, gracias a la insistencia de dos de sus hermanos, que se presentó en una convocatoria para un curso de locución, un paso definitivo hacia su verdadera vocación.

Durante dos años, asumió con compromiso el proceso de aprendizaje junto a grandes referentes de la locución: Elina Pelegrí, Juan Gualberto Pérez Mena, María A. Vázquez Guerra y María Eugenia Borges Barrios… y otros, pues, según recuerda: «cada uno era un docente que caminaba por los pasillos de la emisora».

Su vínculo con la radio lo llevó a habilitarse también como actor, director y escritor así como a contribuir en la formación de jóvenes radialistas.

A lo largo de diecinueve años, condujo la revista informativa En torno a…, aunque confiesa sentir una predilección especial por los programas musicales y campesinos. Espacios como Fiesta en la Cooperativa y otros dedicados al género marcaron su carrera y le brindaron la posibilidad de conocer a numerosos artistas ligados a esa tradición.

En el terreno de la actuación, debe su primer personaje a Juan Barrizonte, quien consideró que poseía las características idóneas para el rol.

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A lo largo de su trayecto, agradece el apoyo incondicional de colegas y amigos como Jesús Benítez, Jorge Pedro Marrero, Sandra Rivero, Ángel Felipe y Dio Roque, quienes, según afirma «siempre están pendientes de la ayuda y la consideración».

Para Raúl, «la radio se escribe con sangre y se transmite con el corazón». Sostiene que el radialista no es consciente del alcance de su trabajo hasta que es reconocido por el público, a veces con buena aceptación y otras, no tan positivo, precisamente por la naturaleza de algunos personajes interpretados.

Entre sus memorias más gratas, guarda con orgullo el momento en que tuvo la responsabilidad de describir la entrada de Fidel Castro y Hugo Chávez a Pinar del Río durante su visita a Villa Bolívar, en Sandino.

El experimentado artista agradece al medio de comunicación, porque, de acuerdo con sus propias palabras, «le ha enseñado a pensar y a sentir»; y aún más importante: a conectar con el oyente invisible, a humanizar la información con el corazón.

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