El danzón, género representativo de nuestra nacionalidad

El programa Música Es compartió el comentario especializado de la musicóloga Doris Céspedes Lobo, en esta ocasión sobre el danzón, nuestro baile nacional.

Cuando Miguel Faílde popularizó su danzón “Las alturas de Simpson” en los finales del siglo XIX, no imaginó que pudiera ser considerado como nuestro baile nacional. Tampoco pudo prever los cambios, que desde el punto de vista morfológico, melódico y rítmico sufriría el género para bien o para mal de músicos y bailadores.

El danzón, como muchos otros géneros, es resultado de un proceso de síntesis de elementos antecedentes que confluyeron en su definición y evolución, hasta resultar en una variante genérica cualitativamente cubana. Elemento fundamental en la aparición del mismo fueron las contradanzas de origen francés introducidas en Cuba, fundamentalmente en la región oriental, por colonos y algunos esclavos llegados a la Isla como resultado de la revolución haitiana y otros grupos de inmigrantes de este origen.

El danzón, género representativo de nuestra nacionalidad.
El danzón sintetizó las contradanzas de origen francés con ritmos africanos y elementos melódicos españoles/ Imagen tomada de Internet.

A esta y otros bailes de cuadro, desarrollados fundamentalmente en salones de la clase media, se integraron otras influencias procedentes de culturas de origen africano, manifestándose las mismas en algunas figuraciones rítmicas, sin descartar algunos elementos de origen hispánico que se dejaban sentir en el tratamiento melódico y los instrumentos.

Estas mezclas conducen a la presencia de un género con ciertas particularidades, entre las que resalta la presencia del “cinquillo cubano”, combinación de duraciones que se reitera durante la pieza con distintas variantes; de igual forma se produce una disminución del aire o tempo y una ampliación de la estructura con la incorporación de diversas partes que permitieran a los diferentes instrumentos ejecutar pasajes como solistas.

Además de los comportamientos rítmicos que resumen todas las influencias en la determinación del danzón, algunos criterios identitarios como las formas de baile y modos de ejecución de los instrumentos tanto en las orquestas típicas como en las charangas, permiten aceptar su definición de baile nacional en una determinada etapa.

La connotación social del baile, permitiendo una mayor socialización en los espacios urbanos dedicados a la actividad, fue otro elemento favorable para su popularidad, definiendo formatos que influirían en las culturas musicales de otros países del área caribeña, resultando muy populares en varias partes de México, donde prevalecen los patios danzoneros.

Lo más importante para la permanencia del danzón hasta nuestros días, es la certeza de que se convirtió en el baile preferido de diversas generaciones durante buena parte del siglo XX, ya reconocido por la propia concepción de ser una danza de gran extensión. En tal sentido este ritmo fue la máxima expresión de lo nacional en el entorno urbano, hasta que el son cubrió las expectativas de bailadores, intérpretes y amantes de la música en sentido general, desplazándole de la preferencia popular.

El danzón, género representativo de nuestra nacionalidad.
Imagen tomada de Internet.

Transformaciones del danzón

La llegada del son a la capital de la Isla y su aceptación por parte de los músicos, bailadores y público en general, determinó su rápida difusión como un género síntesis de elementos formantes, aspecto que se manifiesta en los medios sonoros que lo definen y su estructura con una sección expositiva y montuno, siendo este último el centro de las modificaciones que se introdujeron en el danzón a partir de ese momento.

Sus cultores y principalmente los autores de danzones, han tenido que hacer innovaciones desde el punto de vista rítmico y estructural para ganar aceptación; de ese modo puede señalarse la aparición del montuno, con un criterio de asimilación de elementos soneros, la incorporación de solos en instrumentos como el piano, o la aparición del danzón cantado, danzonete, chachachá y hasta el mambo en décadas posteriores; todos estos cambios, a partir de la inserción de diversos elementos y la supresión de otros.

La presencia del núcleo rítmico del cinquillo y algunos ejemplos de danzones con aires contemporáneos que se inscriben en la música popular y de concierto, garantizan su presencia en la relación de auténticos géneros cubanos; sin que pueda catalogarse categóricamente como baile nacional en estos momentos, tomando en cuenta patrones de popularidad o las particularidades de síntesis en el ámbito musical.

Otra de las grandes transformaciones que ha sufrido el danzón es en cuanto a las cualidades tímbricas, a partir de su inserción en formatos poco convencionales para el género, como su incorporación a las bandas de concierto, orquestas jazz band y combinaciones libres, con la inclusión de instrumentos aerófonos de gran sonoridad y una mayor explotación de armonías jazzísticas entre otros aspectos.

Resulta evidente que los esfuerzos que condujeron a la modificación del género danzonero, solo lograron períodos limitados de éxito, principalmente entre los menos jóvenes, imponiéndose las variantes de géneros foráneos o fusionados en la actualidad. La pervivencia del danzón ha chocado con el efecto globalizante de las redes sociales y la limitación de una estructura ligeramente cerrada, aunque persisten los intentos de mantenerlo vigente mediante la creación de clubes, festivales y otras iniciativas, que han permitido además argumentar su propuesta como patrimonio inmaterial de la humanidad.

Escuche el comentario completo en el audio del programa:

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