
Nos acercamos al universo visual de Fernando Botero, el maestro colombiano que convirtió el volumen en su sello personal. Aunque tiene una reconocida obra pictórica, vamos a centrar nuestra reseña en sus esculturas.
Las esculturas “obesas” de Fernando Botero son monumentos al volumen y a la sensualidad, piezas que transforman plazas y museos en escenarios de reflexión sobre la belleza y la ironía.
Si sus pinturas son inconfundibles, las esculturas lo son aún más. En bronce, de gran formato y con superficies pulidas, el maestro colombiano llevó su estilo “boteriano” a las calles y plazas del mundo. Sus figuras humanas y animales, de proporciones amplias y redondeadas, se han convertido en íconos culturales desde Medellín hasta París, Madrid o Singapur.
Las llamadas “esculturas obesas” no buscan representar literalmente la obesidad. Botero insistía en que su obsesión era el volumen, la expansión de las formas como recurso plástico, como manera de dar protagonismo a la materia y a la monumentalidad.
Así nacieron piezas como Mujer reclinada, El gato, El caballo o El pájaro, todas con esa rotundidad que parece desbordar el espacio y, al mismo tiempo, transmitir serenidad y humor.



En ellas, la ironía convive con la dignidad. Los cuerpos amplios, los animales robustos y las manos gigantes no ridiculizan, sino que celebran la sensualidad y cuestionan los cánones tradicionales de proporción.
Por eso, las esculturas de Botero se han convertido en símbolos urbanos: lugares de encuentro, de fotografía y de contemplación, donde el público interactúa directamente con el arte.
Este creador logró que sus obras fueran accesibles y populares sin perder profundidad. Sus esculturas invitan a reflexionar sobre cómo el arte puede transformar lo cotidiano en extraordinario, y cómo la exageración puede ser un camino hacia la belleza.
Botero dialogó con la tradición europea, desde el Renacimiento hasta el barroco, reinterpretando esas influencias con su sello personal.



Con su obra nos invita a mirar más allá de los cánones tradicionales y a aceptar que la exageración también puede ser armonía.
Quizás por eso sus esculturas siguen siendo tan queridas, porque nos recuerdan que el arte, como la vida, se engrandece cuando se atreve a desbordar los límites.
Escucha aquí la reseña completa en el programa Estamos Contigo:
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