Seguir la historia: Entrevista con Marta Fuego (II)

Sobre su ingreso al Movimiento 26 de Julio en Pinar del Río y la lucha clandestina en la provincia, contó la veterana.

Imagen tomada de Internet

El mismo año (1956) que Marta Fuego ingresó al Movimiento 26 de Julio en Pinar del Río, culminó sus estudios como maestra normalista (1). Aunque le quedaba un curso para titularse de contadora profesional y seguía trabajando en Tractores S.A, pudo disponer entonces de más tiempo para las tareas insurreccionales.

¿Qué recuerdas de aquella etapa inicial en el Movimiento?

Recuerdo algunos nombres y algunas personas. Estuve varias veces en una bodega del Mariel, la bodega de Nanito, iba a llevar y traer mensajes de la dirección del Movimiento. Estuve también en Artemisa, en la casa de un compañero que vivía cerca de la Terminal de Ómnibus. También fui a llevar propaganda revolucionaria.

Estuve en Los Palacios, en el pueblo y en la bodega de Ventura Inclán, en el entronque con la carretera Central, que era el lugar donde se reunían y alojaban los compañeros que bajaban o subían para las lomas como parte del grupo guerrillero y también se dejaban depositados los alimentos, medicinas, armas, uniformes y otros medios para los alzados que se traían desde distintos lugares de la provincia.

Eran lugares muy lejos de la ciudad de Pinar del Río…

Exacto. Casi en la parte oriental de la provincia estaban      Artemisa y Mariel y en el medio del camino, Los Palacios. Los viajes eran en ómnibus siempre. Visitaba municipios más cercanos. Varias veces tuve que ir a la casa de la familia Iturrey, ubicada en la carretera Panamericana, en la salida de San Juan y Martínez, en dirección a Guane.

¿Solo te movías dentro de la provincia?

Mi trabajo clandestino también incluyó llevar mensajes para la Dirección Nacional del Movimiento en La Habana. Recuerdo una casa en la calle Infanta esquina a Valle y un apartamento en el Malecón, donde contacté con dos muchachas. No te puedo decir qué decían los mensajes, porque no leí ninguno. Los llevaba escritos, envueltos en nailon y dentro de un tubo de pasta dental.

Marta Luisa Fuego, combatiente de la lucha clandestina en Cuba. Foto del autor.

¿Y nunca te descubrió la policía?

Una noche, después del regreso de La Habana, llegó la Policía a hacer un registro, rápidamente introduje los papeles que traía dentro de una revista y la tiré en una butaca. Registraron la casa y nos llevaron detenidas a mi mamá y a mí para la jefatura de la policía y allí declaré que mi viaje a La Habana fue para ver a una tía de mi padre que estaba enferma. Eso yo lo había acordado con la familia en La Habana y funcionó. Por suerte no abrieron la revista.

¿Qué instrucciones tenías en previsión de ser detectada por la policía?

La orden de la dirección del Movimiento era que debía borrar de mi mente cualquier nombre y dirección. Porque si caía presa eso era lo primero que preguntarían en los interrogatorios y si sabían algo, le podía costar la vida a las compañeras y compañeros.

Qué buena suerte que la policía no descubrió nada comprometedor o sospechoso, que además de las graves consecuencias para ustedes, habría “quemado” (2) la casa.

Y en qué momento ocurrió. Era la etapa de la recogida de dinero para comprar las armas y demás preparativos para organizar la que sería la expedición de El Corojo. Pancho González fue muchas veces a mi casa, donde también estuvo escondido, ya que la policía lo estaba persiguiendo. En mi casa se reunía con compañeros a distintas horas del día, como parte de lo que estaban preparando y que yo no conocía, porque se reunían aparte y hablaban sin mi presencia. Eran varias reuniones durante cada día.

Recuerdo, entre muchos, a un compañero que vivía en el municipio de Los Palacios. Yo nunca lo había visto en Pinar del Río y después supe que era Juan Palacios (3) a quien admiré por su historial en la lucha insurreccional contra Machado, en la Guerra Civil Española y contra Batista. Después del triunfo de la Revolución seguimos la amistad, lo volví a ver varias veces más.

Tres veces salió Pancho González de Cuba de forma clandestina durante el año 1958. Y las tres veces me dijo para dónde y a qué iba. La primera vez, en febrero, fue a Miami y México, para coordinar y supervisar en el terreno la compra de armas y los preparativos de la expedición (4).  El segundo viaje, el 23 de marzo, fue para México en el yate El Corojo para recoger y traer las armas y la expedición (5), que el 9 de abril llegó a La Coloma.

Lo primero que hizo Pancho González cuando contactó con Armando Andrés, en la madrugada de ese día, fue mandarlo a tu casa, a que te avisara para que tú le informaras a la dirección provincial del Movimiento 26 de Julio que ellos habían llegado. Cuando Armando llegó a tú casa, avanzada la mañana, tú no estabas.

Yo me iba para el trabajo a las 6 y pico de la mañana para abrir la oficina a las 7. Él le dijo a mi mamá (6) que Pancho lo mandaba. Ella le pidió que se quitara la ropa sucia y se acostara y se tapara en la camita de mi hermano más chiquito, que estaba para la escuela primaria.

Lo dejó esperando en la casa y fue a buscarme. Regresé rápidamente para la casa y conversé con él. Me dijo que había venido El Corojo y que era necesario avisarle a la dirección del Movimiento, porque aquel lugar donde estaban era muy fangoso y se hundían los pies de los hombres sacando las armas que venían en el barco y que había que mandar rápido a sacar a aquella gente de allí.

Mientras, mi mamá había seguido para La Colosal (7) a ver a La China Pérez (8) que trabajaba en el kiosco de revistas y periódicos que había en el portal, para que la ayudara a comprar unos zapatos, un pantalón y una camisa, para que Armando no se fuera con la ropa sucia y no levantar sospechas cuando anduviera por la calle.

Enseguida volvió y Armando Andrés se retiró. Entonces me fui con ella   para la calzada de La Coloma, a la casa de un compañero que le decían Cheo El Cojo (9), a decirle a la dirección del Movimiento que había llegado El Corojo y que tenían que ir a sacar a la gente rápido de aquel lugar.

Estaba allí una compañera enlace de La Habana, -el nombre lo recuerdo, pero no quiero mencionarlo- que vestía con una falda mexicana muy bonita, muy ancha. Yo no tenía economía para llevar ropa como aquella.  Cuando yo di el mensaje, no se me olvidará jamás, se sentó en la cama y dijo: “Pues ya fracasó la huelga, no estuvieron aquí a la hora, en el momento en que debían haber estado, que recojan las armas, las echen otra vez en el barco y se vuelvan a ir para desde donde vinieron”.

¿Y cuál fue tu repuesta?

“Ellos explicarán por qué se demoraron en llegar”. Yo me molesté con eso y también dije que yo había cumplido con hacer llegar el mensaje, que ellos debían ahora hacer lo que debían. Y me fui con Plácido (10) a ver a mi primo Narciso, hijo de Félix Hernández, que tenían camiones.  Narciso mandó un camión con dos choferes que se llamaban Alipio y El Negro, fueron con ese camión a recoger las armas y la gente. También Narciso autorizó que acamparan en una finca de su padre, ubicada en Lagunillas. 

He publicado con amplitud en las crónicas de la serie Las Vicisitudes de El Corojo, los detalles del desembarco y la transportación de las armas (11). Sin embargo, me faltaba tu testimonio.

Después Humberto Álvarez fue a mi casa y me dijo que parte de esas armas las había llevado en el camión de Narciso, para una casa de tabaco grande, que estaba a la salida de Pinar del Río, en la carretera de San Juan y Martínez. Otras armas se guardaron en una cueva en la montaña, a donde era muy difícil llegar, pero, aún así las encontró el Ejército.

¿Fue una delación?

Pancho me dijo que a todos los compañeros les había advertido que no podían entrar directo a la ciudad de Pinar del Río, que tenían que dar la vuelta por otros lugares y dentro del campo.  Y también me dijo que si alguien denunció donde estaban las armas, tenía que ser uno de los que participó en el escondite de las mismas. Son cosas que son suposiciones, que no se saben con exactitud.

Después de más de seis décadas ¿qué piensas de lo ocurrido aquel día?

Yo en aquel momento me puse mal, me alteré mucho cuando oí a aquella mujer decir “que vuelvan a recoger las armas y que se vuelvan a ir porque ya fracasó la huelga y ellos tenían que estar aquí”. A la que indignada también le contesté: “Bueno, ellos tenían que estar aquí, pero ellos dependían del mar, del estado del tiempo y de todas esas cosas”.  

En aquel momento, como ya te dije, me puse mal, pero después supe que los compañeros del Movimiento estaban dispuestos a moverse y resolver, que, por ejemplo, habían hablado con un compañero que manejaba el camión de un dueño de tierra de cerca de San Luis, para trasladar la armas y los compañeros, además de con Pedro Buldoza (12), que era otro que participó en esa operación.

Después también supe por “René el Gordo” (13) que él había estado en una finca de la zona, como si estuviera regando el arroz y que estaba esperando la información de la llegada de la expedición. Y como él había otros combatientes clandestinos más. Se sabe lo que sucedió: la expedición llegó de improviso, de pronto y él, René, como los otros, se enteró después de que estaba desembarcando.

Dolorosamente la huelga había fracasado...

Pero ahora, tantos años después, mantengo lo que yo dije allí, en la casa de Cheo El Cojo: “La huelga fracasó, pero llegaron las armas, que no estuvieron en ese momento es verdad, pero ahora hacen falta para activar la guerra, para seguir luchando”.

Continuará…

Notas:

  1. En la Cuba de la década del cincuenta era casi imposible obtener una plaza de maestro por escalafón en las escuelas urbanas y rurales. Más de 10 mil graduados no tenían aulas para ejercer sus conocimientos.

2. Se decía de una vivienda que la policía tenía bajo vigilancia porque sospechaba o contaba con información de que en ese lugar se refugiaban, reunían u operaban combatientes clandestinos y/o se guardaban armas y otros materiales bélicos, propaganda revolucionaria o mercancías y medicamentos para la guerrilla.

3. Jefe del Movimiento 26 de Julio a nivel provincial cuando se fundó la organización y después de la guerrilla que se organizó en las montañas cercanas a Los Palacios. Finalizó la guerra con los grados de capitán del Ejército Rebelde.

4. ABREU MUJICA, Pedro, Seguir la historia: Las vicisitudes de El Corojo (VI) www.radioguama.icrt.cu 7 de junio de 2025. Internet, Visto 4 de enero de 2026.

5. ABREU MUJICA, Pedro, Seguir la historia: Las vicisitudes de El Corojo (IX) www.radioguama.icrt.cu 21 de julio de 2025. Internet, Visto 4 de enero de 2026.

6. Andrea Rodríguez.

7. Tienda de ropa situada a una cuadra de Tractores S.A., en la esquina de Martí y Vélez Caviedez.

8. Vecina del reparto La Flora y combatiente clandestina del Movimiento 26 de Julio.

9. Casa donde la dirección provincial del Movimiento 26 de Julio puso el puesto de mando durante la huelga del 9 de abril de1958.

10. Humberto Álvarez, responsable de finanzas de la Dirección Provincial del Movimiento 26 de Julio. Se les unió Felipe Oscar Quintana Ramos (Ñico), capitán jefe de acción del M-26-7 en la región 1, que minutos antes había regresado de las montañas donde estaba la guerrilla de Juan Palacios.

11. ABREU MUJICA, Pedro, Seguir la historia: Las vicisitudes de El Corojo (I al XVI) www.radiominas,icrt,cu y  www.radioguamá.icrt.cu junio- julio de 2025, Internet, vistas 3 de enero de2026.

12. Capitán del Ejército Rebelde, jefe de la columna 4 del Frente guerrillero de Pinar del Río.

13. Ismael Pérez, nombre de guerra: René El Gordo del Caballo Blanco, porque trabajaba en una tienda de víveres que así se llamaba. Combatiente del frente de acción y sabotaje del Movimiento 26 de Julio.

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