64 Serie Nacional de Béisbol: la peor de todas

El béisbol es un deporte de pasiones, pero no puede convertirse en lugar para ofensas que, de ser amplificadas y utilizadas por individuos mal intencionados, puede llevar a males mayores al enfrentarse en un futuro esos equipos en cualquiera de los dos estadios.

Para este comentarista que ha tenido la posibilidad de seguir las series nacionales de pelota, casi desde sus inicios, lo acontecido hasta ahora en la 64, que todavía no ha finalizado, solo existe una frase para calificarla: la peor de todas.

Nunca antes uno de estos campeonatos nacionales se había visto con tantos desaciertos, con sucesos impensados, con decisiones mal tomadas y hasta con un resultado absurdo que se ha querido ensalzar por algunos.

Lo primero fue un calendario muy mal planificado que no dejaba margen para recuperar en su desarrollo normal los desafíos que por diversas razones podían quedar pendientes, y que en definitiva se acumularon en cifra elevada para jugarse al final, cuando los equipos rivales de los aspirantes a la octava plaza no tenían nada que ganar o perder.

A esas suspensiones de juegos contribuyó, fundamentalmente, el desarrollo de la etapa inicial de la Serie durante tres meses coincidentes con la temporada ciclónica, y con el azote del “Melissa”, que se ensañó con cinco provincias del oriente del país, lo que llevó a no poder cumplirse el calendario previsto.

Por otro lado, en el transcurso de la Serie aparecieron situaciones que nunca antes se habían dado: el director del equipo de Sancti Spíritus fue separado de su responsabilidad y del sistema competitivo del béisbol por cinco años, tras agredir a un comisionado técnico, que también recibió una sanción de separación por tres años; y el director del conjunto de Santiago de Cuba fue cesado en sus funciones en medio del campeonato por decisión de la Dirección Provincial de Deportes.

En este último caso mucho tuvo que ver la confiscación de varios partidos por utilizar los santiagueros a jugadores impropios, pero esto de los peloteros no declarados y llamados a participar indebidamente en los juegos también sucedió con más de la mitad de los equipos, al menos en una ocasión.

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A todo lo anterior hay que sumarle las indisciplinas de diverso tipo en que incurrieron no pocos de los jugadores, y dentro de las que sobresalieron el no correr cuando las conexiones fueron roletazos por el cuadro, las protestas o malas caras por los conteos de los árbitros, y sacar la guapería barata cuando les golpeaban o les lanzaban muy pegado.

Ya fuera del terreno, pero sí en el estadio Victoria de Girón de Matanzas, se produjo la sustracción de implementos, uniformes y objetos personales de integrantes del equipo de esa provincia, lo que provocó que un juego pactado contra Camagüey no pudiera efectuarse en la fecha planificada.

A ello hay que sumarle la presencia, en las gradas de los estadios, de individuos que insultaron con los peores calificativos a los árbitros y hasta a algunos peloteros, sin que se tomaran medidas enérgicas con ellos.

Después de todo lo expuesto hasta aquí, pareciera que ya era suficiente para calificar a la 64 Serie como una de las peores, pero faltaba más por ver.

La búsqueda del octavo pasajero para la etapa de cuartos de final se convirtió en algo bochornoso y no en una hazaña como lo han calificado algunos, porque lo sucedido para que el equipo de Villa Clara ganara los nueve encuentros sucesivos que necesitaba para pasar a los play off deja mucho que desear.

Sus primeras “víctimas” fueron los tuneros que no acudieron con sus mejores jugadores y perdieron por 5-3 y 11-7; y en los dos juegos contra Granma ocurrió algo similar y las derrotas de los orientales fueron por 13-1 y 8-2.

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Llegó el turno a los encuentros contra Camagüey y todo fue peor, sin que la Comisión Nacional de Béisbol se pronunciara contra lo que sucedió y aceptara que los agramontinos acudieran a Santa Clara con 17 jugadores, de ellos solo cuatro lanzadores de segunda línea.

Los dos primeros juegos terminaron por nocao (2-12 y 3-15) y el tercero por sus números pudiera parecer más reñido cuando, en realidad, fue un resultado para poner a pensar mal a cualquiera: concluyó 7-8, pero había llegado al final del noveno con ventaja camagüeyana de 7-2 y los villaclareños hicieron seis carreras, para dejar al campo a sus rivales que utilizaron a dos jugadores de posición como lanzadores.

Solo en el último juego, frente a Ciego de Ávila, se puede decir que tuvieron los naranjas que sudar duro para vencer 2-0 y pasar como octavo clasificado.

La culpa de lo sucedido no es de los villaclareños que salieron en todo momento a ganar los juegos que le otorgarían el pase a la postemporada, y en parte ni de los peloteros de sus equipos rivales que ya fuera de la competencia y de descanso en sus hogares no dieron o no pudieron dar un espectáculo que se correspondiera con lo que estaba en juego. La culpa es de las malas decisiones de una Comisión Nacional que no acaba de encontrar el camino para que la pelota, esa que es pasión de muchos cubanos, vuelva al lugar que le corresponde en lo interno y lo externo.

Si bochornoso es lo que llevó al pase de los villaclareños a cuartos de final, más lo es el “espectáculo” protagonizado por jugadores de ese equipo, que en su euforia por el triunfo se explayaron en un coro ofensivo hacia los Vegueros, y que circula por las redes sociales para calentar pasiones entre los aficionados pinareños y provocar el rechazo de la mayoría de los que han visto el video.

¿Dónde está la ética de esos jóvenes peloteros que se proyectan como una horda salvaje?, ¿dónde está la actuación de la dirección del equipo naranja y de la Comisión Nacional de Béisbol para llamar a contar a los protagonistas del video?

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El béisbol es un deporte de pasiones, pero no puede convertirse en lugar para ofensas que, de ser amplificadas y utilizadas por individuos mal intencionados, puede llevar a males mayores al enfrentarse en un futuro esos equipos en cualquiera de los dos estadios.

Para que reine la cordura tiene que existir la disciplina y esta se enseña y se aplica de diversas formas, incluidas las sanciones cuando los hechos lo ameritan.

Desde el año 2021 el béisbol es Patrimonio Cultural de la Nación, y ello es algo que hay que cuidar, porque la pelota es parte de la identidad nacional y no puede perderse, porque sería perder parte de lo cubano.

Ojalá que lo ocurrido hasta ahora en la 64 Serie sirva como uno de esos malos ejemplos que hacen meditar y de una vez por todas tomar nuevas y buenas decisiones para dejar atrás lo mal hecho.

La pelota lo necesita y los cubanos lo necesitamos más.

Por: Edmundo Alemany Gutiérrez

(Tomado de Periódico Guerrillero)

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